Vestido de gala para otra de esas indescriptibles noches de Copa, la fiesta en el Nuevo Gasómetro fue completa porque Cauteruccio se mandó un gol para el recuerdo cuando el partido estaba complicado y San Lorenzo cerró a todo trapo el aniversario 107. Por primera vez en lo que va de esta edición de la Libertadores, un equipo nacional se apoderó de las tres unidades en un partido en serio y no podía ser otro que el vigente Campeón. Sólo Estudiantes puede discutir dicha apreciación, mientras Boca y Racing enfrentan a rivales con nivel del Ascenso y River y Huracán todavía no tienen ni idea qué es triunfar en el plano continental.
Aquí vamos, amigos sanlorencistas, abriendo camino entre las tinieblas del durísimo "Grupo de la Muerte" y creyendo que es posible la clasificación a los Octavos de Final, una especie de corazonada que habíamos anunciado incluso después de perder sobre la hora en el Morumbí. ¡Qué distinto sería todo si tuviéramos ese punto en la tabla! ¡Y ni hablar si entraba alguna de todas las que erramos ante Corinthians! Pero aquello ya fue, a seguir mirando para adelante y aclarando el panorama, como vienen haciendo esos muchachos que renovaron su hambre de gloria.
Es que cuando el horizonte pintaba tenebroso antes de jugar este desquite con el "Tricolor", allí se erigieron las figuras de Buffarini y Mercier para guiar al equipo al oxígeno necesario para alimentar las esperanzas y multiplicar las ilusiones. Estos dos jugadores, que paulatinamente se pusieron a tono y recuperaron el nivel que tanto estábamos esperando, confirmaron que están hechos a la medida de San Lorenzo y sostienen cada día su lugar en la historia grande de la institución. Meten, corren, contagian a los compañeros y a los de afuera, van y vienen, rinden, emocionan. Coperos por excelencia. De pie para un merecido reconocimiento.
A la hora de un análisis global del rendimiento del "Ciclón", una división en dos partes. Por un lado el sector defensivo, cada vez más sólido y aplomado, donde Yepes se gana la titularidad como segundo central al lado de Caruzzo, quien se siente más cómodo por la derecha. A esta altura, creo que no queda ninguna duda que Cetto debiera ser suplente, amén de la suspensión que acarrea. Pero otro cantar es el aspecto ofensivo, a raíz de la carencia de variantes cuando los creativos no desnivelan con su jerarquía. La escasa sorpresa y el nulo de cambio de ritmo, puntos débiles.
Pero San Lorenzo va, reforzando el respeto continental que supo ganarse por parte de sus rivales, aun de conjuntos brasileños como San Pablo, un grande de América, que vino a casa con la única misión de refugiarse en el fondo, no soltar a sus laterales y pasar en cuentagotas al ataque. Y aunque seguimos terceros por diferencia de gol, nadie nos quitará el deseo devenido en capricho de acceder a la próxima instancia, incluso con este escenario levemente desfavorable. Pero es así como nos gusta, como manda la historia, con el ADN histórico: sufriendo, metiendo y celebrando sobre el final, revalidando la postura de ser la piedra en el zapato de los favoritos.