"Y vivieron felices por siempre", ¿sólo en las películas?

Las estadísticas marcan que sólo 3 de cada 10 matrimonios prosperan. Sin embargo, una especialista dijo a Infobae que "si se trabaja en y con la pareja es posible evitar el fracaso". Consejos para tener en cuenta ante una situación conflictiva

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En tiempos en los que prima la instantaneidad y la búsqueda de la felicidad inmediata, la tolerancia, el diálogo y el "contar hasta mil" antes de patear el tablero parecen no estar de moda.

Así, la frase salida de la ficción "y vivieron felices por siempre" poco tendría que ver con la realidad de compartir el día a día con otro, con todo lo que eso implica.

Y las cifras avalan esta idea: investigaciones aseguran que, de todas las parejas que se casan, sólo tres de cada diez permanecen con un matrimonio que les aporta felicidad.

Pero no todo está (tan) perdido. La pareja perfecta no existe, ok. Todas las relaciones pasan por momentos de peleas, crisis y enfrentamientos como parte del desarrollo normal del vínculo. Lo interesante radica en saber qué es lo que hacen algunos para que esas discusiones no terminen con la relación.

El reconocido terapeuta de parejas e investigador de estas temáticas John Gottman lleva más de cuatro décadas estudiando qué hacen las parejas para que su relación funcione. Lo primero que observa es que las que prosperan tienen la habilidad de buscar la resolución de los problemas entre ambas partes. Lo opuesto son las duplas que, frente al problema, continúan peleando o huyendo de la situación; lo que genera resentimiento y bronca perdurable en el tiempo.

Infobae habló con la licenciada en Psicología Dina Laufer (MN 47037), quien, consultada sobre si es sólo para final de película el "y vivieron felices por siempre", aseguró estar convencida de que no se trata de una frase sólo para historias de ficción. "Es una frase totalmente extrapolable a la vida cotidiana, pero para esto hay que trabajar en y con la pareja", destacó la especialista en familia, e insistió: "Son muchas las situaciones de la vida cotidiana que atentan contra esta felicidad, pero hay que tener en claro que tenemos unos antídotos para sobrellevarlo y salir airosos de las situaciones. Necesitamos desarrollar la habilidad de ponernos en el lugar del otro, muchas veces para empatizar con sus preocupaciones y algunas veces con sus dolores. Buscar el diálogo para poder comunicarse en un nivel de profundidad que redunde en beneficio para ambos. Reconocer positivamente al otro".

"Las parejas que prosperan tienen la habilidad de buscar la resolución de los problemas entre ambas partes"

Sobre la base de que la perfección no existe (¡además de que sería muy aburrida!), quisimos saber si es posible evitar que las discusiones o crisis cotidianas lleven al fracaso de una relación.

Laufer consideró que "hay ciertas cosas que suelen traer discusiones en la vida diaria, como por ejemplo la rutina, muchas veces la crianza de los hijos, las obligaciones cotidianas y los horarios tornan a las parejas muy mecanizadas y esto muchas veces es motivo de conflicto".

"Para combatir esta rutina es importante encontrar espacios propios de la pareja donde puedan divertirse", recomendó la especialista, quien analizó que "en algunas parejas, las discusiones que las llevan al fracaso tienen que ver con los celos enfermizos en donde se trata de controlar e inmovilizar al otro. 'No quiero que vayas a tal lado', 'No te pongas esa ropa', '¿Quién te llamo?', etc. son los disparadores más comunes de pelea".

"Otra fuente de discusión y crisis –puntualizó Laufer– son las mentiras, que deterioran mucho el vínculo y ponen en tela de juicio todo".

Bien. Tenemos celos y mentiras como los causales de más discusiones entre las parejas. Pero la especialista fue más allá, quizás al factor que más se repite por estos días en la mayoría de las relaciones. "Otras tantas discusiones se dan por falta de diálogo. En algún momento y por algún motivo, no se habló de cierta situación y eso quedó latente, y cuando sale a la luz en una discusión, viene con mucha fuerza", aseguró.

Ahora, bien sabido es que no estamos solos en el mundo. Y que a las cuestiones intrínsecas de cada pareja se pueden sumar en el día a día problemas de "afuera" (léase trabajo, familias de origen, etc.). Y el desafío será que esos temas no terminen afectando a la pareja.

"Existen factores internos y externos que pueden dañar la pareja: dentro de los factores internos se observan las historias de familia no resueltas, altibajos emocionales constantes, situaciones traumáticas en diferentes momentos de la vida, rigidez mental que hace pensar que uno es siempre el que tiene la razón, etc.", detalló la especialista. Y prosiguió: "Dentro de los factores externos se ubican situaciones conflictivas en el trabajo que si no se gestionan bien terminan impactando en la pareja, situaciones difíciles con los hijos, o discusiones que muchas veces pueden provenir por ciertas cuestiones relacionadas con la familia de procedencia de cada uno y cómo se manejan en la vida cotidiana".

A lo que le puede sumar el hecho de que muchas parejas, por haber formado una familia, se olvidan de seguir cultivando el vínculo "primitivo", de dos.

Obvio que trabajar sobre estos factores no es tarea sencilla, pero tampoco imposible –según la especialista– cuando hay ganas de seguir apostando a la pareja y al proyecto de vida.

Para finalizar, una duda casi existencial le fue planteada a nuestra interlocutora: antes las parejas se separaban menos. ¿Había más tolerancia, más diálogo? ¿O no se animaban a dar el portazo? "Años atrás, el hecho de divorciarse implicaba de algún modo una condena social y muchas veces se aceptaban cosas por 'el que dirán', por 'los chicos', etc. En algunas parejas había más tolerancia y buscaban con el diálogo negociar y recomponer las cosas. Es verdad que hoy esto es mucho más volátil, se busca el alivio rápido y fácil terminando así cada uno por su lado. Construir un vínculo duradero requiere de esfuerzo".

Algunos consejos para tener en cuenta ante una situación conflictiva

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· Evitar pelearse: no discutir no implica que el problema se solucione.

· Muchas veces se tiende a "esconder el problema debajo de la alfombra". Lo único que se logra en este caso es que los problemas sean cada vez más grandes.

· Es fundamental poder hablar de todo y, si es necesario, discutir en buenos términos; no desde el único lugar en el que "yo siempre tengo la razón".

· Evitar caer en "quiero ganar en cualquier discusión". Esto convierte la relación de pareja en un tironeo constante.

· Evitar la escalada de enojo.

· Evitar las generalizaciones: "siempre igual...", "nunca hacés...".

· Evitar acusaciones como: "Porque vos...". En general son frases muy hirientes y agresivas que suelen deteriorar la relación. Se recomienda poner el foco de atención en lo que le pasa a uno con respecto a la acción del otro, ya que es lo que puede ayudar a tener un mejor diálogo.

· Evitar las discusiones delante de familiares y/o amigos. Lo único que genera esta situación es "dejar mal parada a la pareja".

· Evitar elevar el tono de voz cada vez más hasta llegar a los gritos. Es preferible cortar la discusión, que cada uno se tome un tiempo para pensar y luego volver a la charla más calmados.

"La realidad nos muestra que en todas las relaciones hay encuentros y desencuentros, peleas y reconciliaciones. Pero, lo importante es saber que todas pueden dialogarse sin ataques y que las relaciones se van construyendo de experiencias vividas. De los errores también se suele aprender y tal vez así sí podamos vivir felices para siempre", finalizó.


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