"El fenómeno religioso no tiene que estar vedado a la mirada científica"

El reconocido biólogo y divulgador Diego Golombek habló con Infobae sobre su nuevo libro "Las neuronas de Dios", en el que plantea la estrecha relación entre el cerebro humano y la espiritualidad

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i-Usted se identifica como ateo, sin embargo en su último libro aborda el fenómeno religioso vinculado a la neurociencia. ¿De dónde viene ese interés?/i

A mí me interesa en general el comportamiento humano, por qué hacemos lo que hacemos, por qué pensamos lo que pensamos. Para una inmensa mayoría de la población, el fenómeno religioso es su comportamiento natural y cotidiano, ¿por qué eso tendría que estar vedado a una mirada científica? Mi motivación es entender la religión como un fenómeno natural, como parte de una mirada de la ciencia sobre las cosas de todos los días. Es un tema particularmente interesante, porque se mete con las creencias más intimas, con lo que constituye a la gente, y es importante entenderlo, sin cuestionarlo o mirarlo de arriba.

i-¿La gente religiosa que leyó el libro lo entendió así también?/i

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La reacción ha sido muy positiva, he tenido comentarios de gente profundamente religiosa que se sintió a gusto con esta con mirada, que no es de oposición ni de choque, pese a que está de moda enfrentar ciencia versus religión. Es una mirada que acepta que son dos fenómenos que van por carriles totalmente separados, pero que pueden mirarse. No es un libro conversor o un libro militante.

i-La principal idea del libro es que Dios es una invención del cerebro. ¿Cuáles son los fundamentos que lo llevan a realizar esa afirmación?/i

Bueno, esta es una mirada desde la ciencia natural, necesariamente tiene que entender a la religión como un fenómeno natural, no sobrenatural. Claramente somos nuestro cerebro, pensamientos, emociones, todo pasa por ahí, y por lo tanto el principal sospechoso tiene que ser nuestro cerebro. Esto se ve avalado por un montón de evidencia que muestra que durante el rezo, durante las conversiones místicas, se activan áreas específicas del cerebro. También en fenómenos patológicos, ciertos tipos de epilepsia, cuando las neuronas se descontrolan, que hacen que puedan aparecer visiones místicas. Seguramente los grandes místicos de la historia fueron epilépticos.

i-También asegura que existe una huella genética que hace que las personas estén más propensas a creer que otras. ¿Cómo se comprueba esto?/i

Eso es más polémico, pero hay una racionalidad detrás. Está claro que la religión es un fenómeno universal, acá los raros son los religiosos, los ateos. Entonces cuando estés frente a un fenómeno así, tenés que preguntarte si es hereditario. Claramente, hay una herencia cultural, es obvio que eso es así. De acuerdo a tu ambiente, vas a ser más propenso a las creencias. ¿Pero no será que también hay una cuestión de herencia biológica con respecto a la religión? Hay algunos estudios que dicen que sí. Por ejemplo, con gemelos, que son genéticamente idénticos, separados culturalmente, que no se criaron juntos, podés probar que hay tendencias religiosas en ambos, eso es una evidencia que hay una razón genética.

i-¿Por qué en general intenta explicarse la religión a través de lo social, lo cultural, lo histórico, y no tanto desde lo biológico?/i

Es que tanto desde la neurociencia como la genética, hay técnicas nuevas que han llevado al campo de la investigación preguntas que antes no eran propias de la biología, no porque no lo fueran, sino porque no tenías forma de estudiar esos temas. Las ciencias naturales han avanzado mucho en su técnica para entender mucho más el sistema nervioso, y esto te permite hacer preguntas que antes no eran posible hacer.

i-Usted en el libro manifiesta su sorpresa acerca de que en pleno siglo XXI la religión todavía sea algo tan popular. ¿Interpreta como una derrota de la ciencia ese escenario?/i

Esa sorpresa que mencionás está en el origen mismo del libro: ¿cómo puede ser que con una civilización tan avanzada esté tan arraigada la creencia en lo sobrenatural, que claramente no tiene evidencias y es una cuestión de fe? Esto me llevó a pensar a que debe ser porque no podemos escaparnos, porque estamos cableados de cierta manera más allá de lo cultural. Y entonces me puse a buscar evidencias desde lo genético, el sistema nervioso, etc. La mía es solo una hipótesis, pero creo que alcanza a explicar o empezar a explicar un fenómeno tan desparramado en términos universales.

i-¿Hay muchos religiosos en el ambiente científico? ¿O son una rareza?/i

No, para nada, hay muchos científicos religiosos. Francis Collins, director del consorcio público que descubrió el genoma humano, es lo que se conoce como un "cristiano renacido", o sea que encontró sus creencias religiosas tarde en la vida. Y es muy fanático el tipo, de hecho, él ve el genoma como el estudio de la escritura de Dios.

i-¿No puede llegar a ser una limitación la religiosidad?/i

En el día a día, estando en la mesada, no tiene por qué limitarte. Pero si empezás a cuestionar la base de lo que hacés, creo que sí te limita, porque la base de la religión y de la ciencia son totalmente opuestas: en una es la fe, y en la ciencia en la evidencia. Por eso una cosa es lo cotidiano de un científico, que puede llevarse completamente bien con la religión, con ir al templo, rezar, pero si cuestionás la base de lo que hacés, estás en problemas. De hecho, para el libro hablé con científicos religiosos, y alguno me dijo que las evidencias neuronales que genera la experiencia de Dios lo pone bastante incomodo.

i-Por último, quería preguntarte por el fenómeno de las neurociencias en la Argentina. ¿Cómo se explica este boom?/i

Me parece que es una consecuencia directa de que se sabe más, porque al saberse más sobre el cerebro, se cuenta más. Pero por otro lado, es resultado de la curiosidad natural por entendernos, y el cerebro ayuda a eso. No es la última respuesta, y claramente se puede llevar a exageraciones, ahora tenemos un neuro-todo, neurofútbol, neurodieta, pero más allá de esto, hay notables exponentes que están ayudando a contar cómo y por qué hacemos lo que hacemos. Es lo que decía el oráculo de Delfos: "Conócete a ti mismo". Y las neurociencias ayudan a eso.

"Las neuronas de Dios", de Diego Golombek (Siglo Veintiuno Editores)

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