"Somos cerebros con patas". Con esta frase en apariencia simple pero profunda porque permite darle dimensión al rol de cerebro en la vida de todos nosotros y lo poco que aún se sabe de él, rompió el hielo el neurocientífico argentino, Facundo Manes fundador y director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) en una clase magistral donde vinculó la obra de William Shakespeare con las neurociencias.
Los festejos por el 450° aniversario del nacimiento del escritor británico William Shakespeare en abril pasado fueron la excusa perfecta para dar lugar a una reunión para una audiencia profundamente shakespereana.
El lugar también era el indicado: la Embajada Británica en Buenos Aires que organizó una master class a medida del neurólogo argentino y su conocida capacidad de comunicar.
Pero además había un marco general anterior para tematizar la mañana sobre el escritor británico y es el trascendente Festival Shakespeare en Buenos Aires que viene rodando su cuarta edición en la ciudad porteña y se extiende a todo el país. Las actividades del Festival Shakespeare son gratuitas y en eso cuenta como fundamental el auspicio del Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires.
El embajador británico John Freeman dio la bienvenida a los más de 150 invitados y resaltó "la pasión y admiración que compartimos por Shakespeare como ejemplo de los lazos culturales que existen entre nuestros países".
En el evento, organizado por la Embajada Británica y Próspero Producciones, también fueron reconocidos cinco artistas y académicos por su trayectoria y contribución a la difusión de la obra del dramaturgo. Allí Hernán Lombardi, ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires subrayó la presencia de Shakespeare en la vida cultural argentina.
Patricio Orozco, director de Próspero Producciones y creador del Festival Shakespeare Buenos Aires, distinguió con los "Premios Shakespeare" al director de teatro Agustín Alezzo; la actriz María Comesaña; el académico Jorge Dubatti; el ex director del teatro San Martín, Kive Staiff y al crítico Osvaldo Quiroga.
"La propuesta del festival es descubrir talentos, aprender más sobre la vida y la obra de Shakespeare y hacer nuevos amigos", explicó Orozco. Y por otro lado la periodista y actriz Cristina Pérez, madrina entusiasta del Festival se refiere al escritor inglés: "Este explorador renacentista con su obra y desde el juego de espejos invita al hombre a mirarse a sí mismo".
Fueron cinco premios merecidos y Shakespeare logró lo que pocos. Reunir en un mismo ámbito a cinco personalidades del mundo de la cultura nacional a quienes les cuesta la aparición pública y que son probados maestros en lo suyo. Especialmente el maestro de actores, Agustín Alezzo quien dejó entre tantas obras sobre tablas, la inolvidable versión de Ricardo III protagonizada por Alfredo Alcón.
Dijo Kive Staiff: "Shakespeare es quien mejor comprendió el siglo XX . Me exigió siempre a ser mejor persona. Leerlo y conocer su obra es inevitable e imprescindible".
Y remató Jorge Dubatti profesor de la Universidad de Buenos Aires y especialista en divulgar la cultura shakespereana en tierras argentinas "Shakespeare es argentino. En algún punto Shakespeare es nuestro".
Entre mi cerebro y yo: Shakespeare
El neurocientífico Facundo Manes recorrió los grandes tópicos y personajes de las distintas obras de Shakespeare y los interpretó desde una perspectiva científica. Cristina Pérez lo asistió con la lectura de fragmentos de algunas de las obras más significativas del autor.
Su master class "Shakespeare y las neurociencias: The book of your brain" generaba sorpresa y Manes pasó con holgura el desafío.
Para Manes su paso por la Universidad de Cambridge de alguna manera lo conectó con Shakespeare. Un poco porque él venía de un paisaje más vinculado a la meca capitalista en los Estados Unidos y pasó a esa universidad casi medieval de la Inglaterra profunda; la misma en donde podía verse a César Milstein andar en bicicleta por el campus para ir de una aula a otra.
Allí mismo donde ahora tiene su laboratorio el científico Stephen Hawking: "Cuatro paredes austeras con un grupo de mentes brillantes en su interior. Lo suficiente para hacer buena ciencia", recuerda Manes. "Por eso el capital humano es la clave de todo en las sociedades del futuro".
Para Manes la conexión entre Shakespeare y las neurociencias aparecen a lo largo de todas sus obras. "Shakespeare fue un gran neurólogo", sintetiza Manes. Fue categórico al afirmar que en los últimos 10 años se descubrió más acerca del funcionamiento del cerebro que lo hecho en los siglos anteriores. "Mi obligación es comunicar y compartir todo ese conocimiento a la sociedad. La nueva investigación sobre el cerebro va a impactar en la educación, en la política y en la economía, entre otras áreas".
Ciencia y arte
Manes con precisión supo unir dos mundos en apariencia inconexos, la ciencia y el arte. Logró calar hondo en la interrelación que éstos tienen. Empezando con que las neurociencias estudian las bases biológicas de la creatividad.
"Una de las ideas de esta master class es explorar la fascinante relación entre la ciencia y el arte, en tensión, porque la premisa de la ciencia es aseverar y la del arte es promover la duda y los significados múltiples. Invito a compartir y disfrutar de ambos mundos: porque no nos podemos perder las dudas del arte y no tenemos que tenerle miedo a la ciencia porque a partir de ella llegaremos a nuevos enigmas. Tal vez se trata de cuestionar con el arte, lo que entendemos con la ciencia", explica Manes.
"Para que ocurra el acto creativo el cerebro se inicia con un pensamiento obsesivo sobre un tema. Luego hay que relajarse, equivocarse, perder el miedo. Por supuesto que el factor sociocultural es fundamental para estimular el talento creativo".
Nuevo experimento
Y así como Shakespeare a través de sus diferentes obras pone a las emociones del hombre frente al espejo, las neurociencias ponen al cerebro frente al espejo. Para terminar de conectar ambos mundos, aparece la emoción como pieza clave en el funcionamiento del cerebro, en particular el de la memoria.
"Nosotros olvidamos casi todo y sin duda la emoción facilita recordar momentos claves de nuestra vida, lo que se conoce como memoria episódica. La memoria requiere una energía especial del cerebro y el olvido también. Es decir que para los hombres poder olvidar es tan importante como recordar. Somos básicamente seres emocionales", agrega Manes.
"Todas las emociones que se generan en el cerebro como la ira, depresión, ansiedad tienen una víctima principal: el corazón. Allí repercuten todas estas emociones".
También Manes se refirió al amor, tópico tan presente en las obras de Shakespeare y sobre todo en la icónica "Romeo y Julieta": "Para las neurociencias y la neurobiología el amor activa las áreas del cerebro vinculadas con la recompensa y "apaga" las zonas que tienen que ver con el juicio. Por eso el amor y la locura, no están tan lejos".
Al cerrar su conferencia, y ante una atenta audiencia compuesta por personalidades destacadas del ambiente artístico, político, científico y empresarial, el doctor Manes anunció que realizará un estudio de casos para analizar con mayor profundidad el impacto del Shakespeare en la mente humana.
Será el primero en su especie en el mundo y se basa en la idea de que leer Shakespeare requiere hacer un "esfuerzo" cerebral extra a la hora de abordar su obra. Lo que se conoce como el "cambio funcional", que el dramaturgo inglés aplica en sus textos al cambiar los sustantivos por verbos. Manes prometió presentar los resultados el año que viene.
"Leer a Shakespeare y abordar su obra tiene un costo cognitivo y no se sabe aún su impacto en el cerebro. De esto se trata el estudio que haremos desde INECO desde un abordaje interdisciplinario, a partir de entender que la inteligencia colectiva siempre es mejor".