El 12 de junio de 1938 será recordado para siempre como uno de los días más negros dentro de la historia de las Copas del Mundo. Brasil y Checoslovaquia protagonizaron la denominada "Batalla de Burdeos", un choque tan violento que terminó con varios jugadores hospitalizados por sendas fracturas.
El conjunto verdeamarelho, aún lejos de ser la potencia que conocemos, en esta competencia comenzó a mostrar gran mejoría y a dar indicios de lo que se vería en las próximas ediciones. Con Leônidas, también conocido como el "Diamante Negro" –fue el goleador del campeonato-, dejó en el camino a Polonia tras ganarle por 6 a 5.
Los europeos, por su parte, llegaban tras vapulear por 3 a 0 sin problemas a Holanda y con el mote de candidatos al ser los actuales subcampeones. Los comandados por Sedlacek cayeron en una polémica final ante Italia cuatro años atrás.
Los sudamericanos, en sus comienzos, no eran sólo "jobo bonito" "Que Nejedly no toque la pelota", les dijo el entrenador, Pimienta, a sus dirigidos.
Zezé, el encargado de marcar a la figura rival, fue un poco más allá. A los doce minutos de juego, le destrozó uno de los tobillos al atacante. El húngaro Pál von Hertzka decidió expulsar al oriundo de Minas Gerais; pero no por la brutal patada, sino por protestar.
A los 30 minutos, y pese a la inferioridad numérica, Leônidas abrió el marcador, pero en el complemento, Nejedly, quien decidió seguir en el campo de juego a pesar de no poderse mantener bien en pie –en esa época no había cambios-, niveló las acciones.
Igualmente, este cotejo dio para mucho más. A un minuto del cierre del tiempo regular, un cruce entre Martim y Jan ?íha –ambos se fueron expulsados- desencadenó lo que se conoce como la "Batalla de Burdeos". Golpes de todo tipo volaron y varios jugadores terminaron lesionados. El caso más llamativo fue el del arquero František Pláni?ka, quien sufrió una rotura de clavícula, y al regreso del certamen debió retirarse.
Pasando en limpio, el empate dejó un saldo de tres expulsados y varios lesionados, de los cuales dos culminaron en el hospital por tener huesos rotos (Nejedly y Pláni?ka). Para encontrar un ganador, dos días después se volvieron a ver las caras.
Para la revancha, Pimienta tuvo serios problemas para armar una formación ante las rojas y las bajas de algunos futbolistas. El DT tuvo que disponer de ¡9 cambios! Para enfrentar a los europeos. Los únicos sobrevivientes de la guerra fueron el arquero Walter y el "Diamante Negro".
Si bien los checos comenzaron arriba con un tanto de Vlastimil Kopecky, los brasileños lo dieron vuelta con tantos de Leonidas y Roberto. Este triunfo provocó tal alegría en país vecino que el Estado decidió otorgar un feriado nacional para celebrar. Italia detendría en semifinales el camino de Brasil, pero ésa ya es otra historia...
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