En la cancha, el campeón con menos puntos de la historia se aferra a la ayuda divina de Dios para mantener el cero en su arco y celebrar. Para San Lorenzo, tiene el mismo valor la foto mediática del día después en el Vaticano con el papa Francisco, su hincha más famoso, que ganar un nuevo título. ¿Para qué arriesgar? ¿Importa jugar bien? Con el empate y la fe alcanza. "Salimos campeones con 33 puntos, la edad de Cristo", declaró alegremente el presidente azulgrana, Matias Lammens, camino a Roma y con el trofeo bajo el brazo.
Afuera del campo, reina la improvisación, los intereses políticos y, sobre todo, la incompetencia. La ausencia de visitantes dejó al descubierto el estado de degradación del fútbol argentino. ¿Soluciones contra los violentos? ¿Un plan para que vuelvan las familias a los estadios? ¿Cortar privilegios a los barrabravas? ¿Para qué? Simplificar es la cuestión. Los hinchas del corazón, los que sólo entienden de pasión, son rehenes de una historia en la que se hizo costumbre sobrevivir en estado crítico. No existe voluntad política.
La televisión pública emite los partidos de manera gratuita a todo el país a través del programa Fútbol Para Todos. Entretiene al pueblo con el deporte más popular y aprovecha el espacio para promover la publicidad política oficial. Calma a las masas sedientas de ver a sus equipos en condición de visitante. De allí, donde el fútbol ya ni siquiera es para pocos, los eliminaron de raíz para evitar mayores incidentes, como si esa fuera la solución.
Los hinchas visitantes fueron prohibidos en el fútbol de Primera División a partir de junio de 2013, pero los muertos continúan apilándose en la lista negra. Este año fallecieron 13 personas producto de la violencia en el fútbol. Ya no se mata sólo en los estadios. Viajar rumbo al estadio con la camiseta de un equipo puesta puede culminar en un desenlace fatal, ya que en el camino puede ser atacado por un violento del equipo rival o incluso uno del mismo equipo. La sociedad perdió sus códigos de convivencia.
¿Cómo se explica esta locura? Los organismos de seguridad en conjunto con el Estado y la Asociación de Fútbol Argentino deciden abrir los estadios sólo para los socios locales, pero el negocio no cierra. Al no encontrar enemigos en la tribuna de enfrente, las barras se dividen y desangran sus internas. El fútbol de ascenso lo experimentó durante los últimos seis años. No recibe visitantes desde 2007 y la mayoría de los clubes sufren este tipo de enfrentamientos.
Ante la primera pelea en el corazón de la tribuna local, la policía ordena abrir el sector habitualmente visitante para que lo utilice uno de los grupos opositores a la banda de turno y continúa gozando de sus negocios. Un partido con sólo presencia de hinchas locales se transforma en un juego de alto riesgo y excesivo gasto policial. Actualmente, Independiente lo padece en carne propia, tras su histórico descenso de categoría. Dominar la barra otorga poder para trabajar con el político de turno, aun en los clubes de escasos recursos (Primera B, C y D).
La disputa entre el presidente Javier Cantero y los dos grupos barrabravas existentes se incrementó y el equipo ni siquiera puede jugar sus partidos en días y horarios que le den facilidad al simpatizante para concurrir. Además, el "Rey de Copas", siete veces campeón de América, está inmerso en una crisis económica alarmante y es considerado un "deudor irrecuperable". Su pasivo ronda los 50 millones de dólares, tan sólo superado por River Plate, otro gigante devastado tras el fracaso de la gestión de Daniel Passarella como presidente.
En medio de las malas conducciones en los clubes, la incapacidad de los entes de seguridad a la hora de planificar y funcionarios políticos que apañan a los revoltosos. El momento social no es ajeno al fútbol, al contrario, es el principal cómplice. La inseguridad cotidiana con la que conviven los argentinos, el incremento del narcotráfico, la marginalidad, la pérdida de valores y falta de respeto a la autoridad se perciben a cada momento.
En diciembre murieron tres personas relacionadas con el fútbol y 14 durante saqueos en el interior del país, tras un grave acuartelamiento policial, peleas de pobres vs. pobres y gobernantes echándose culpas para disfrazar el conflicto en vez de buscar soluciones inmediatas. En Buenos Aires había ánimo de festejar los 30 años de democracia y tirar fuegos artificiales, mientras en las provincias de Tucumán, Chaco y Entre Ríos sonaban disparos.
Disparos que también acabaron con la vida de los hinchas en un diciembre negro. Un fanático de Boca Juniors de 19 años fue alcanzado por un impacto de bala tras bajar en una estación de tren; y otros dos hinchas, pertenecientes a una fillial de Newell´s Old Boys, fueron acribillados por simpatizantes de Rosario Central mientras viajaban en una camioneta. En ese salvaje episodio, una niña de 9 años fue herida por una bala de plomo en una de las manos.
Meses antes, apareció muerto un periodista en la pileta de Racing. Otro apareció asesinado dentro del estadio de Vélez Sarsfield. Uno falleció por un enfrentamiento en la interna de Tigre. Un hincha de Lanús murió por un disparo de la policía en el Estadio Ciudad de La Plata. Se produjeron dos crímenes en la lucha interna de la barra de Boca por el poder de "La Doce". Y un niño de 13 años fue asesinado por la espalda en Rosario por el simple hecho de vestir una camiseta de Newell´s.
La muerte no sólo involucró a barrabravas o hinchas que asistieron a ver un partido. En Buenos Aires, un comerciante murió en la puerta de su negocio tras quedar en el medio de un tiroteo entre barras del club Ituzaingo y fuerzas policiales. Y en Córdoba se agudizó el horror: un joven fue apuñalado en un balneario de Villa Carlos Paz por "fieles" de Talleres y un juvenil arquero de 16 años, agredido durante un partido por otros tres adolescentes, perdió la vida tras cuatro meses de agonía. Escalofriante.
Los barras están dentro de los clubes. Tiene su carnet social y burlan con facilidad el derecho de admisión. Atan de pies y manos a los directivos, aunque estos muchas veces son cómplices por conveniencia. También están insertos en la política nacional. Muchos trabajan en distintos espacios o ministerios públicos. Están apañados. Tienen línea directa con las altas esferas del gobierno argentino.
River y Boca deben rendir cuentas por la relación con sus hinchas caracterizados. Escuchas por reventa de entradas de un lado, sospechas de asociación ilícita del otro. Nada sorprende, tampoco una batalla campal en el Obelisco de Buenos Aires con fanáticos de Boca Juniors que tomaron la calle para celebrar el "Día del Hincha" y destrozar el microcentro porteño. Otro buen ejemplo de una sociedad impune.
En el medio, los hinchas genuinos, tantas veces cómplices. Esos que insultan por redes sociales pero que después son los primeros en festejar el cotillón, las banderas, los paraguas y el telón gigante cuando "ellos" hacen su ingreso triunfal. No los combaten, los aplauden. Ya se acostumbraron a vivir en medio de la desorganización, los palazos, las balas de goma, los gases y los empujones. Nada sorprende, el show debe continuar en el fútbol argentino.
Hay felicidad por la consagración de Lanús en la Copa Sudamericana y alegría por el título de San Lorenzo, el campeón espiritual en medio del caos. Quedó atrás la cultura del "aguante" para darle paso a la cultura del "sálvese quien pueda". Existe menos lugar para la reflexión y se perdió definitivamente la tolerancia. Los clubes grandes ya no "exportan" a Europa en cifras exorbitantes, sólo acrecientan deudas y pierden su esencia. Se profundiza la incapacidad y la negligencia se paga con vidas humanas. El fútbol argentino entró en estado vegetativo.
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