La vida de una mujer independiente no resulta ser nada simple. Sobre ella recaen muchas responsabilidades que, algunos añas atrás, eran impensadas. No solo se ocupa de la casa, de la ropa del marido, de preparar la cena y de ir a buscar a los hijos al colegio, sino que también tiene que dedicarse a su carrera profesional y a su trabajo. Por si esto fuera poco, el escaso tiempo que le queda libre luego de atender a su familia tiene que repartirlo en la peluquería y en el gimnasio porque -a diferencia de lo que sucede con los hombres- a ellas no se les perdona tener canas ni algunos kilos de más.
"La independencia de la mujer terminó siendo un mal negocio y hoy en día se la compara con una "multiprocesadora", porque se ocupa de absolutamente todo. Tienen multiplicidad de tareas y se hacen cargo de cosas que antes eran exclusivas de los hombres, a quienes de ese modo les alivianan la vida. La mujer de hoy está descolocando al hombre de su lugar. Le cuesta ubicarse en el rol correcto porque puede y debe tener actividades en todas las áreas pero solo tiene que hacerlo desde el rol de mujer. Si se masculiniza, pierde su capacidad intuitivo intelectual, y eso hace que no pueda darse cuenta hacia dónde va y cuáles son las elecciones saludables que debe tomar", explicó la psicóloga Beatriz Goldberg, autora del libro No le tenemos envidia a los hombres, Dr Freud, cuya representación teatral se lleva a cabo los viernes, sábados y domingos en el teatro Del Centro en Montevideo, Uruguay.
La especialista sostuvo que este desdibujamiento en el "ser mujer" les impide hacer bien sus elecciones y ver más allá como parte de su esencia femenina. Por eso, es común escucharlas decir frases como: "ya no hay hombres" u "hombres eran los de antes". Es que viven en esta gran contradicción y tienen un doble discurso: por un lado, van corriendo al hombre de su lugar pero, por el otro, lo quieren tener cerca.
"A pesar de todos nuestros logros no debemos perder la sensibilidad de ver todo lo que nos acontece. No debemos enojarnos cuando nos dicen que hombres y mujeres son diferentes, porque en realidad lo somos... ¡viva la diferencia! Tenemos diferencias y eso es lo que nos atraía del hombre. La igualdad que queremos lograr es ficticia porque de esta forma cada vez tenemos más obligaciones con menos derechos", sostuvo Goldberg.
Ni fundamentalismo feminista, ni justificaciones conciliatorias para el machismo, sino legítimo orgullo de ser mujer. "Nos ha llegado la hora de dejar de ser las actrices de reparto de la historia para tener el papel protagónico que nos merecemos. Nos ha llegado la hora de dejar de llorar por los rincones o de creer que el hombre es nuestro enemigo. Estamos listas para dar el gran salto a partir de nuestras particularidades, sin imitar los modelos masculinos", indicó.
La entrevistada aconsejó que las mujeres deben dejar de ser machistas sin darse cuenta y evitar desvalorizar a los hombres. "Tarde o temprano en algún momento y con toda nuestra independencia vamos a querer -aunque sea por momentos- un príncipe azul que nos proteja. No neguemos nuestra esencia. Tenemos nuestra completitud. No tenemos nada que envidiarle a los hombres, de ésta forma estaremos mejor con nosotras mismas. Éste, es el principio para sentirnos más saludables y mejorar nuestros vínculos y calidad de vida", finalizó Goldberg.