La ONG La Casa del Encuentro difundió un informe que recopila los últimos datos brindados por distintos medios de comunicación en 2012. Las cifras que allí se muestran son –una vez más–alarmantes: cada 35 horas, en el último lustro, una mujer murió víctima de la violencia sexista.
Ante ese dato –ante el feminicidio en sí– nace un interrogante: ¿qué puede llegar a pasar por la mente de un hombre que determina quitarle la vida a una mujer? Quizás, peor aún: ¿qué pasa por la cabeza de un hombre que decidió matar a quien fue "su" mujer, esa a quien en algún momento amó? Infobae habló con especialistas para analizar la mente de quien asesina por razón de género.
"Estamos atravesando una época donde la violencia está casi en el cenit. Hay una caída de lo simbólico, de eso que tiene que ver con la palabra, la voz, el diálogo, con las ideas, la lectura, la creación... Todo eso está caído absolutamente y existe una preponderancia de un lenguaje preverbal primitivo. Es así como las relaciones, ahora, se podría decir que están distribuidas de una manera pasional, y que justamente hay mucha dificultad en lo que tiene que ver con la palabra o ese lenguaje. Es más arcaico. Se va del cuerpo al cuerpo al no haber palabras", aseveró la licenciada Esther Any Krieger, miembro didacta APA-Full Member IPA-, coordinadora del capítulo de Investigación en Psicoanálisis y Patologías Actuales, al destacar una de las líneas de la violencia social que derivan en el femicidio.
"Otra línea es que es una época donde el hombre no sabe cómo tratar a una mujer, cómo hablarle, abordarla, y eso es por varias cuestiones: la lucha de los feminismos para que la mujer ocupe lugar en el mercado laboral hace que el hombre, por un lado, pareciera no soportarlo. Esto le genera tanta confusión y descentramiento de sí mismo, que decide atacar. La mujer, este momento cultural –además de este logro de haber llegado a ocupar el lugar que antes no ocupaba– enfrenta al hombre que la desafió o que la mata de manera real o que `la cambia´ por una 30 años más joven. Al estar con una menor, no está con una mujer sino con una hija. Solamente parece que puede gobernar a alguien que es menor. Es una manera de aniquilar el lugar de la mujer. Por eso, en menor medida, aparece la violencia del lado de la mujer sustituida", sostuvo Krieger.
La especialista invita a pensar el tema y propone hacerlo desde el avance del feminismo que se ubica en un lado más independiente: "No es una compañera ni objeto de amor sino una competidora para el hombre. A ello se suma que, al no ser una época donde el amor es algo que aplaca las pasiones, surgen las peores pasiones de la peor manera. No está funcionando el enlace amoroso como debería, el amor las aplaca. Es un bálsamo.
Cuando una relación termina, es propicio hacer un duelo. "Cuando desaparece lo erótico, debajo de eso está lo tanático (relativo a la muerte). También hay una dialéctica entre hombre y mujer, porque no es lo mismo que antes (la mujer en el hogar, el hombre fuera). Al haberse borrado eso, la lógica del amor funciona de esa manera. En la nueva coyuntura, en esta época de cambios, desde algún lugar sigue funcionando la lógica anterior. Es una época de transición que favorece impulsos pasionales que no pueden ser tramitados de otra manera, de una manera más simbólica, con la palabra, la razón, el entendimiento".
El nivel de violencia que puede llegar a la intimidad, muchas veces se gesta en la calle, porque es hora de admitirlo: la violencia está instalada en la sociedad, y parecería que pocas personas se entienden hablando en lo cotidiano. Al caminar por la calle, es poco probable que haya un intercambio de opiniones sin que uno de los interlocutores levante al voz o, peor aún, su puño. Dentro de esa lógica, eso se lleva al hogar, donde al menos deberían ajustarse las palabras y no los golpes.
Pero ¿cómo responde una mujer agredida? "En general la mujer tiene esa cuestión maternal que es un límite, un impedimento que lo tiene también con su hombre. Tiene un miedo al hombre que la hace caer en un lugar de vulnerabilidad y el hombre se hace más fuerte. A veces, lo protege y comprende. Por otro, está donde necesita sostenerlo como el fuerte y ella se pone como en el rol de débil. Esto favorece esa postura y el hombre toma más fuerza y coraje".
También está la mujer que lo enfrenta y puede enloquecerlo: "Es difícil encontrarle la vuelta si perdió el entendimiento. La violencia es como un veneno que se va contagiando, se va tomando el veneno del otro, se lo traga y transmite. Es como un virus, creo que es una enfermedad generalizada", puntualizó, y finalizó: "Estamos atravesando una época de un vacío de valores: si lo que tiene valor es el dinero y el consumo, el resto no vale. Al hombre le cuesta dejar su lugar de dominio y la violencia es la máxima expresión de la impotencia", reacciona como un chico que "cuando ya no puede más, llora. Es el fracaso de la comunicación".
Adrián C. Besuschio, médico psiquiatra y psicoanalista –miembro del Espacio Fairbairn y de la Asociación Psicoanalítica Argentina–señaló a este medio que "la muerte del partenaire es un último recurso para no perder el control que necesita guardarse sobre el objeto de amor, trastocado en odio ante la posibilidad de perderlo. 'Si no sos mía, no lo serás de nadie´. El asesinato es la mayor forma de control que un sujeto puede tener sobre el otro, asegurándose que no tendrá que tolerar el hecho de compartirlo con hijos, otra pareja, padres, etc. Las laceraciones, quemaduras, mutilaciones o amputaciones son mecanismos por medio de los cuales el victimario asegura su objetivo".
¿Serán los celos extremos, el deseo de posesión sobre la otra persona el desencadenante de este tipo de hechos y de otros similares?
"El golpeador o eventual femicida puede no tener antecedentes de hechos similares, aunque su personalidad hace que busque mujeres que resulten complementarias a su patología", sostuvo el psiquiatra, y destacó: "Un rasgo común que pueden tener ambos es la dependencia, la falta de tolerancia a la frustración y el mal manejo de la libido y la agresión".
En este contexto, los únicos que pueden intervenir son los 'espectadores' –familiares, vecinos, amigos– para los cuales puede ser más sencillo anticiparse al descenlace, opinó el especialista.
La realidad de los últimos cinco años, según el Observatorio de Femicidios, de la ONG Adriana Marisel Zambrano, detalla: "Desde el año 2008 al 2012 hubo un total de 1.236 femicidios en Argentina; la mayoría de esas víctimas murieron golpeadas, baleadas o apuñaladas". La modalidad de agresión que más creció fue la incineración. En agosto del año pasado, esa ONG informó que en la Argentina murió una mujer por día víctima de la violencia de género.
Finalmete, consideró al hogar familiar como el lugar más peligroso para las mujeres. Además, sus propias parejas o ex parejas aparecen como los principales agresores.
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