El paquete incluye medidas impositivas, una nueva política de compras públicas y facilidades financieras para impulsar y defender a la industria, que ha perdido competitividad ante la crisis externa y la valorización del real. Tendrán un costo fiscal de cerca de 20.000 millones de reales (US$ 10.990 millones). La medida más ambiciosa entre las anunciadas es la que exime provisionalmente del pago de impuestos sobre la nómina (20%) a 15 sectores afectados por la crisis y que utilizan mano de obra intensiva, como los de textiles, confecciones, muebles, plásticos, piezas de automóvil, bienes de capital y autobuses.
"El Gobierno no abandonará a la industria brasileña", afirmó Rousseff en un acto celebrado en el Palacio de Planalto al que acudieron ministros, sindicalistas y empresarios.
La reducción de las contribuciones patronales en 15 grandes sectores será compensada con el cobro de un impuesto mínimo (entre 1 y 2%) sobre la facturación, sin incluir las exportaciones. Para el fisco, totalizará una merma en la recaudación de 7.200 millones de reales por año (3.900 millones de dólares).
También se establecen incentivos fiscales y más financiación a industriales y exportadores, y se prevén medidas contra la competencia desleal de importaciones.
"La mejor herramienta para enfrentar la crisis no son las medidas restrictivas que agravan la recesión y el desempleo. Brasil ha demostrado que es posible conciliar el corte de gastos y el crecimiento económico, y es lo que estamos haciendo. Mantendremos nuestra meta de superávit fiscal sin perjudicar el crecimiento de la industria", dijo Rousseff y agregó que no dudará "en hacer todo lo necesario para defender" los empleos, la industria y el crecimiento brasileños.
Según la mandataria, Brasil tiene que aprovechar su propio mercado interno, que es grande, creciente y atrae a numerosos países, para incentivar la producción nacional como mejor herramienta para combatir la actual coyuntura negativa. "Queremos competir en el comercio exterior pero en condiciones justas y equilibradas, y para ello necesitamos aumentar la competitividad y reducir los costos", explicó y agregó que su gobierno luchará "contra la competencia predatoria y desleal, contra el dumping, las prácticas proteccionistas ilegítimas".
Con estas medidas, Brasil "tendrá la reducción de costos (de producción) necesaria y la competitividad necesaria para crecer un 4,5% este año y seguir esa trayectoria en los próximos años", explicó el ministro de Hacienda, Guido Mantega. "El Gobierno está lanzando estas nuevas medidas para fortalecer la economía brasileña y para responder a los problemas creados por la crisis de la economía internacional", explicó el ministro al detallar un paquete que complementa el plan Brasil Mayor, lanzado en agosto.
Según Mantega, las medidas para reducir el costo de producción de las fábricas y elevar la competitividad de la industria nacional en el exterior son necesarias en un año en que la crisis internacional persistirá y afectará nuevamente al sector. "En 2012 hasta China está sufriendo con una reducción en su producción industrial. Ante esa situación, tenemos que prepararnos para enfrentar una competencia cada vez más feroz de países que venden sus productos por debajo del precio de costo, dan subsidios, devalúan sus monedas y reducen los salarios", aseguró.
El Gobierno prevé también una capitalización del banco de fomento BNDES por 45.000 millones de dólares (unos 25.000 millones de dólares) para asegurar la capacidad de financiación a la industria y los exportadores.
Los más beneficiados con incentivos fiscales son los exportadores, empresas de tecnología y las que emplean mano de obra intensiva, entre ellos los sectores automotor, de tecnologías de la información y naval.
Así, fue presentado un plan de estímulo a la gigantesca industria automotriz, que tendrá incentivo en reducción de impuestos el uso de piezas fabricadas en Brasil y el Mercosur. Las importaciones, en cambio, serán más vigiladas contra prácticas ilegales y sufrirán aumentos de impuestos sobre la base de la facturación.
"No es proteccionismo", afirmó el ministro de Hacienda, ante críticas que ya surgieron con el primer paquete anunciado en agosto.
El Gobierno prevé, además, un plan de compras gubernamentales que favorecerá la adquisición de productos nacionales hasta 25% más caros que los importados, en sectores como máquinas de construcción y medicamentos. Se suman además millonarios programas de adquisición de computadores para escolares y ampliación del acceso a la banda ancha.
"Son medidas positivas y en la dirección correcta", dijo a la AFP el presidente de la Confederación Nacional de la Industria, Robson Braga. Pero no resuelven la falta de competitividad de la industria, según el presidente de los industriales de San Pablo, Paulo Skaff: "Esas medidas apenas bajarán la fiebre de 40 grados de la industria a 38,9 grados. Necesitamos medidas efectivas de reducción de costos, falta arreglar el desfase del cambio" que, con un real valorizado, hace menos competitiva la producción brasileña y alienta las importaciones.
"Son medidas tímidas e insuficientes", afirmó a la AFP el presidente de la central Força Sindical, Paulo Pereira da Silva, al considerar que "no abordan lo principal, como son las altas tasas de interés" de Brasil, entre las más altas del mundo a pesar de varias rebajas recientes. El sindicato convocó a los trabajadores a manifestarse el miércoles por la mañana frente a la Asamblea Legislativa de San Pablo, capital de la principal región industrial de Brasil, y según sus propios cálculos, esperan congregar a cerca de 100.000 asistentes.
"Las medidas no tocan los grandes problemas de la desindustrialización. No atacan los tipos de interés ni el cambio (de divisas), no podemos ser el campeón mundial de intereses altos y tener un cambio que quiebra la industria", dijo Pereira da Silva, que también es diputado federal, en una entrevista a la radio Estadão.
Pereira da Silva criticó que los beneficios fiscales a las fabricantes de automóviles se apliquen no solo a las compañías brasileñas, sino también a las que producen parte de las piezas en los socios del Mercosur o en México, país con el que Brasil tiene un acuerdo en este sector. "El paquete del sector del automóvil habla de contenido regional, lo que significa que vamos a importar piezas de Argentina o de México en detrimento de nuestra industria", dijo el sindicalista.
El líder sindical también criticó que se han ofrecido beneficios fiscales para sectores que no lo necesitan, como el de iluminación, que, según él, ya no produce una sola bombilla en el país.
El crecimiento de la economía brasileña se desaceleró desde un 7,5% en 2010 hasta un 2,7% en 2011 como consecuencia, entre otros factores, del mal desempeño de la industria, cuya producción sólo creció un 1,6% el año pasado tras haberse expandido un 10,5% en 2010.