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El primer ministro Viktor Orbán logra acaparar cada vez más los titulares de la prensa internacional, azorada por cómo, con tan sólo 18 meses en el poder, el mandatario logró convertirse en una temida figura autoritaria, lesionando los principios democráticos de la región y hundiendo todavía más en las penurias económicas a sus empobrecidos ciudadanos.

Orbán, un abogado de tan sólo 48 años, viene siendo criticado por la comunidad internacional por introducir una serie de medidas que amenazan la independencia de los medios, la judicatura y el banco central desde que llegó al poder en el 2010, lo que le ganó el calificativo de "Chávez europeo" en medios de todo el mundo.

El cuestionado primer ministro húngaro, que ya gobernara el país entre 1998 y 2002, se encuentra aliado a la extrema derecha nacionalista y en unos pocos meses logró controlar tanto a los medios de comunicación (cuyos órganos de supervisión están acaparados por el partido de Orbán, llevando adelante una férrea censura) como someter a la Justicia de su país, imposibilitada de impugnar sus decretos.

El gobernante partido Fidesz (FIatal DEmokraták SZövetsége, Federación de Jóvenes Demócratas en húngaro) viene usando su mayoría parlamentaria de dos tercios para reformar sus principales leyes de una forma que según los opositores erosiona los derechos democráticos y aumenta el poder del partido en el largo plazo, lo que ha provocado decenas de marchas en su contra, en especial de jóvenes, protestando por el autoritarismo del primer ministro.

Con 10,7% de desempleo, Orbán tampoco pudo revertir la crisis económica del país, que cuenta con una población bajo el nivel de la pobreza de casi el 14%, casi el doble de lo que registraba en el 2009.

La Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea, declaró esa semana que las medidas decretadas por Orbán, como la independencia del banco central, la edad de jubilación de los jueces y los derechos de protección de datos violaban las reglas de la UE, y le dio a Hungría un mes para modificarlas o, caso contrario, enfrentaría acciones legales.

Orban, que prometió llevar a Hungría a ser más independiente y no ceder a la presión de organismos externos como el FMI, dijo que había sólo un tema difícil que mantendría el debate con Bruselas, y es que las autoridades del banco central deben jurar ante la Constitución húngara.

Recientemente, Orbán compareció ante la Eurocámara y prometió que "los problemas del país pueden resolverse rápidamente", en referencia a la inquietud de los legisladores de la región por sus medidas anti-democráticas. Sin embargo, el primer ministro húngaro ya había realizado promesas de similar tono, que finalmente no vieron transformarse en medidas de algún tipo.