Un reducido grupo de cronistas y familiares la esperaba en las afueras de la cárcel de mujeres de Tennessee, Estados Unidos. Entre ellos, uno de los hijos que había tenido con el extinto esposo, quien manifestó que de ahora en más solamente le interesa pasar el resto de su vida con su madre.
Owens, de 58 años, apareció exultante, portando un enorme carro amarillo con las pertenencias que sacó del lugar que fue su hogar durante más de dos décadas. Con su pelo ya gris, vestida con un sencillo jogging, abrazó a sus seres queridos y se limitó a entregar un comunicado por escrito.
"Me dispongo a pasar una vida tranquila, privada y productiva", escribió. Ahora piensa disfrutar de saber cómo han crecido su hijo y su nieto mientras ella estaba encarcelada.
La sentencia que disponía su ejecución fue conmutada en julio de 2010. Apenas quedaban dos meses para la fecha legalmente prevista para su muerte. El entonces gobernador de Tennessee, Phil Bredesen, conocía los argumentos de sus defensores, que se basaban en la historia de los abusos físicos y sexuales que sufría Owens de parte de su marido.
Sin embargo, no fue ésta la razón que esgrimió el político para conmutarle la pena. Según su perspectiva, lo decisivo fue que a Owens le habían prometido evitar la sentencia de muerte si se declaraba culpable. Así lo hizo, pero el acuerdo se frustró ante la intransigencia de uno de sus abogados.
En el momento de ser condenada, una sentencia de por vida requería al menos treinta años para solicitar la libertad condicional. Debido a la conmutación de la pena original y a la buena conducta de Owens en la cárcel, sus representantes legales consiguieron que este viernes saliera por primera vez de prisión.