El monumento está compuesto por dos descomunales estanques negros con cascadas ubicados en el sitio exacto donde se encontraban las torres Sur y Norte del World Trade Center, desplomadas el 11 de septiembre de 2001 tras el impacto de dos aviones comerciales.
Ambos estanques están rodeados por placas de bronce en las que se han grabado los nombres de las 2.977 víctimas de los atentados atribuidos a Al-Qaeda y de las seis víctimas de un primer ataque contra el WTC realizado en 1993.
El lugar fue, el domingo, epicentro de los actos conmemorativos por el décimo aniversario de aquel día. Hasta allí llegaron el presidente Barack Obama, su antecesor Geroge W. Bush, autoridades locales y miles de familiares y neoyorquinos.
El parque, de 6,5 hectáreas, cuenta además con 200 robles ya plantados sobre un total de 400 que deberían rodear los estanques, así como un pabellón que no estará abierto hasta 2012, cuando se inaugure el museo del memorial.
En una prueba de la expectativa que generó la apertura del lugar, este lunes se esperaba hubiera unos 7 mil visitantes. Como en otros sitios históricos de los Estados Unidos, la admisión es gratuita pero los turistas necesitan obtener su entrada con anterioridad y para una determinada hora. Los familiares de las víctimas tendrán prioridad y entradas especiales a su disposición.
El monumento, con una capacidad para albergar a 1.500 personas juntas, se convierte así en un sitio para que familiares y visitantes tengan donde recordar a las víctimas de manera más adecuada, ya que en los últimos años el lugar, conocido como la Zona Cero, permaneció desolado tras los atentados.
El domingo, en lo que puede volverse una tradición, muchos familiares copiaban el nombre de su ser querido frotando un crayón sobre un papel encima de la letras grabadas en el bronce.