En la misma noche del 11 al 12 de septiembre de 2001, los primeros camiones cargados con las ruinas de las torres se encaminaron hacia ese inmenso terreno que poco antes había sido clausurado tras servir como basurero a cielo abierto de Nueva York durante 50 años, según informa el semanario Le Nouvel Observateur.
Entre los aceros retorcidos, los bloques de cemento y las láminas de aluminio, hay restos humanos. Son millones de toneladas de escombros entre los cuales la Policía de Nueva York tuvo que hurgar para recuperar todos los segmentos de cuerpos posibles.
Cada hallazgo fue numerado y conservado en cámaras frías para permitir el trabajo de identificación. Durante mucho tiempo, las personas que habían perdido a un ser querido en los atentados peregrinaban hacia Fresh Kills en busca de alguna huella o recuerdo.
La asociación World Trade Center Families for Proper Burial (Familias del WTC por un entierro digno) solicitaron una búsqueda más profunda en Fresh Kills, convencidos de que todavía hay allí restos humanos. Pidieron incluso que se traslade lo depositado a otro sitio, más apropiado para el recuerdo y el homenaje. Pero el pedido fue rechazado. La idea de las autoridades es más bien que, de aquí a 2040 cuando el proyecto de reacondicioamiento del lugar esté concluido, la huella del 11-S haya quedado diluida en un conjunto.
Con sus 900 hectáreas -tres veces la superficie del Central Park-, Fresh Kills es hoy un parque del que Staten Island se enorgullece. Además de la descarga, hay allí espacios todavía silvestres, zonas de esparcimiento, áreas para espectáculos e instalaciones deportivas. La dirección de espacios verdes de la ciudad de Nueva York quiere instalar esculturas y pronto correrá por allí un río. James Corner es el arquitecto a cargo del rediseño del lugar (foto) que las autoridades quieren convertir en un ejemplo de desarrollo sustentable.
Un sistema de drenaje y canalizaciones permitirá recuperar los gases que emanan de la descomposición de los deshechos bajo la tierra y la ciudad pretende utilizar el metano así obtenido para calefaccionar 22 mil hogares, lo que representaría un ahorro anual de 12 millones de dólares.
El parque sirve como laboratorio de reforestación, energía renovable y gestión del agua, y todas sus instalaciones serán alimentadas con energía geotérminca, solar y eólica.
Ahora bien, entre los escombros del World Trade Center también hay material tóxico, como amianto o mercurio y hasta materiales radioactivos provenientes de los detectores de humo de los edificios destruidos, lo que equivale a decir que la acumulación de estos restos en ese terreno no es inocua. La descontaminación del lugar no es sencilla, ya que podría acarrear una dispersión de partículas nocivas en el aire.
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