La prensa brasileña, más allá de la pica futbolística y los celos propios de dos potencias mundiales en este deporte, se rindió a los pies de Independiente aquella noche del 24 de julio de 1984, en Porto Alegre, donde el equipo de José Omar Pastoriza le hacía honor a su mote de "Rey de Copas" y hacía resplandecer su fútbol en Brasil. La maestría poética de Ricardo Bochini, los piques y la simpleza de Jorge Luis Burruchaga, el temple de Enzo Trossero, la facilidad de juego y la capacidad de Claudio Marangoni, la "polenta" de Alejandro Barberón... Todos factores que enarbolaron una actuación "perfecta" del "Rojo, tal como lo catalogaron los diarios en Brasil.
Aquella primera final Independiente salió a jugarla con Mario Goyén; Néstor Clausen, Hugo Villaverde, Enzo Trossero, Carlos Enrique; Ricardo Giusti, Marangoni, Bochini, Julio Buffarini, Barberón y Burruchaga. Ese equipo salió a atacar al Gremio, se hizo con la posesión de la pelota y comenzó a manejarla con mucha facilidad en aquel enorme campo del Olímpico Monumental de Porto Alegre. Saliendo de abajo, moviendo el balón con lentitud y acelerando el tranco con las puñaladas del "Bocha", "El Rojo" comenzó a preocupar el arco de Marcos, una de las grandes figuras de la noche.
Gremio también tuvo sus chances, casi de contra, y por errores (mínimos) de control de pelota de Independiente. Pero a los 24 minutos de juego, Marangoni fue a trabar con un volante local, la pelota cayó en los pies de Bochini que habilitó mágicamente a Burruchaga para que definira suave, sobre el cuerpo de Marcos. Si a esa altura Independiente estaba cómodo con el resultado, con la diferencia a favor se hizo amo y dueño del campo. Los brasileños salieron a presionar más arriba, pero se encontraban con que cada contra del "Rojo" podía ser letal.
En el segundo tiempo, Independiente dio un recital de fútbol. No se tiró atrás, siguió atacando y fue en busca del segundo gol. Gremio terminó pagando caro su falencia de querer y no poder lastimar al fondo del "Rojo", que desde un gran trabajo en mitad de cancha, solidez defensiva y rapidez de tres cuartos de cancha hacia delante, coronó una actuación para el aplauso general del estadio, que así despidió al conjunto de Avellaneda. El resultado quedó corto por los palos, una salvada en la línea y una enorme actuación del arquero tricolor que impidieron que el equipo de Pastoriza golee y deje anestesiada la final a su favor.
Hoy, 27 años después, Independiente buscará rememorar esa noche cuando visite al Inter por la vuelta de la Recopa Sudamericana. Si bien será otro el rival y otro estadio, la ciudad aún conserva la magia de aquella actuación. Por eso, los dirigidos por Antonio Mohamed quieren despertar los duendes que dejó aquel equipo del "Pato" e imitar su mística para llevar la gloria a Avellaneda. Enfrente tendrá un rival durísimo, que intentará coronarse ante su público. Es esa misma multitud que "Los Diablos" sueñan con encantar y hacer que se rinda a sus pies, como pasó aquella noche en que Bochini y compañía le hicieron una caricia al fútbol.