Dos instituciones, el Servicio de Protección de Animales keniano (KWS) y el organismo oficial contra la caza furtiva (el LATF), estuvieron presentes en esta pira en la que han ardido 335 colmillos de elefante y más de 41.000 tallas de marfil que tenían en total un valor de 16 millones de dólares.
Ambas instituciones brindan algunos datos para ilustrar el drama de la caza de elefantes sólo en Kenia. Según LATF, el tráfico de marfil pasó de 620 kg en 2005 a 5,7 toneladas en 2010. En lo que va de año, por otra parte, el KWS ha incautado más de tres toneladas de este material.
El marfil quemado este miércoles en la Escuela de Protección de la Flora y Fauna de Kenia, en la región de Manyani (este del país), fue confiscado en Singapur en 2002 y transportado en 2004 a Kenia, donde unas pruebas de ADN desvelaron que las piezas procedían de Malaui, Tanzania y Zambia.
"Con la quema de este marfil de contrabando, enviamos un claro mensaje a los cazadores furtivos y los comerciantes ilegales sobre nuestra determinación colectiva de luchar contra ese delito en nuestra región y más allá", señaló el presidente Kibaki. "No nos podemos relajar y permitir que las redes criminales destruyan nuestro futuro".
Es la tercera vez que se realiza una quema con una reserva de marfil. El primero en realizarlo fue el ex presidente Daniel Arap Moi (1979-2002) en 1989, y la segunda se hizo en 1992. Por aquel entonces, Mwai Kibaki era el vicepresidente de Arap Moi.
El diario más importante de Kenia, Daily Nation, ha denunciado que en sólo un siglo el número de elefantes ha llegado a reducirse diez veces: en 1978 la población de mastodontes apenas alcanzaba los 16 mil ejemplares, mientras que un siglo antes, su número llegaba a los 167 mil.
Ahora, el Gobierno de Kibaki se vanagloria de haber contribuido a la conservación de esta especie al tener en su territorio 37 mil de estos animales. Kenia, no obstante, ha reconocido que no tiene una "capacidad adecuada para hacer que se cumplan las leyes que aseguran la seguridad de sus poblaciones de elefantes".
Desde 1980 rige la prohibición de comercializar el marfil de los elefantes gracias a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, que reguló la venta de especies amenazadas y en peligro. Tanto el llamado Loxodonta africana (el elefante africano) como el Elephas Maximus (el asiático) son consideradas "especies en peligro de extinción", y están incluidas en la Lista Roja de Especies en Peligro de Extinción de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) del año 2000. La lista roja significa que la especie en ella incluida "enfrenta un muy alto riesgo de extinción en el futuro cercano".
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