El jueves pasado, el ex back defensivo de los Chicago Bears, New York Giants y Arizona Cardinals se quitó su vida en su apartamento del estado de Florida. Aunque minutos antes de concretar su trágica determinación, Duerson le envió un mensaje de texto a su ex mujer, en el que pedía que su cerebro fuese donado a la ciencia. Según relata The New York Times, la destinataria del mensaje intentó ponerse inmediatamente en contacto con su ex marido, pero ya no obtuvo respuesta.
Dentro de la vivienda en la que apareció el cadáver del ex jugador también había una nota manuscrita que repetía un mensaje similar: "Haced que mi cerebro vaya al centro de estudio de la NFL". El ex futbolista, que tenía 50 años, se refería al Centro para el Estudio de la Encefalopatía Traumática, un organismo que recibe fondos procedentes de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL por sus siglas en inglés).
Durante los últimos años, ha crecido un importante debate en los Estados Unidos en torno a los graves efectos sobre la salud que provoca el intensísimo contacto físico propio del fútbol americano.
Sin embargo, todavía no se ha determinado si Duerson, quien compitió 11 años en la máxima categoría de la liga y obtuvo dos veces el Super Bowl (una vez con los Osos de Chicago y otra con los Gigantes de Nueva York) padecía la encefalopatía traumática, una enfermedad relacionada con la depresión, la demencia y, en ocasiones, el suicidio.
No obstante, en su carta de despedida sí hablaba de visión borrosa y de dolor en la zona izquierda de su cerebro.
Jeanne Marie Laskas, en un emotivo artículo publicado en la revista GQ sobre el estado de salud de Fred McNeill, otro ex jugador con problemas cerebrales, narra el proceso a través del cual el mundo del deporte fue tomando conciencia de este problema.
El patólogo forense Bennet Omalu fue el primero en encontrar microscópicos cambios en el tejido cerebral de jugadores fallecidos, como fruto, según estimó, de continuos traumas cerebrales.
En un principio, la NFL negó cualquier tipo de vinculación del deporte con esta clase de problema. Pero en septiembre de 2009, un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan halló en un estudio que el Mal de Alzheimer era 19 veces más frecuente entre ex futbolistas que entre la población masculina de entre 30 y 49 años. Las evidencias seguían acumulándose.
Actualmente, el problema está siendo tomado más en consideración, como demuestra la existencia, por ejemplo, del "Plan 88". Éste surgió tras una carta escrita por Sylvia Mackey, la mujer del ex jugador John Mackey, quien jugaba con el número 88 para los Indianapolis Colts. Esta iniciativa, que comenzó en 2007, ya le ha prestado atención a 149 jugadores retirados que sufren de locura.
Este debate, que ahora se extiende al mundo de la National Football League, también ha sido moneda corriente en la práctica del boxeo.
Por ejemplo, cuando el coreano Duk-Koo Kim murió luego de una pelea contra Ray "Boom Boom" Mancini, las autoridades decidieron reducir el número de asaltos de cada pelea desde 14 hasta 12. Sin embargo, mientras las evidencias científicas se acumulan, hay quien se pregunta de qué modo puede suavizarse un deporte que posee una naturaleza física y de contacto como el fútbol americano.
Por su parte, Sylvain Cypel, periodista del diario francés Le Monde, traza un escenario poco alentador. "Aunque las protecciones son más fuertes, los golpes en el fútbol americano son peores que en el boxeo", asegura el editor del periódico galo. Y remata su pensamiento con una definición contundente: "El fútbol americano es al deporte lo que las finanzas a la economía: un lugar donde reinan la brutalidad y la desregulación".