Son tradiciones de antigua data que en lo general rozan lo pagano pero que, sin embargo, buscan subrayar el espíritu cristiano de quienes memoran el nacimiento de Jesús hombre en un pesebre de Belén.
Para los cristianos, el pesebre es el símbolo por excelencia de la Navidad. El ritual de armarlo se remonta al año 1223, cuando San Francisco de Asís subrayó las virtudes de la bondad, la pobreza, la humildad y la mansedumbre, que para él revivían cada Nochebuena con un pesebre "viviente" en una gruta natural de las cercanías de Greccio, Italia.
Medio siglo después, el artista Arnolfo de Cambio esculpió una serie de personajes -la Virgen con su Hijo, San José, los Reyes Magos, el asno y el buey- que son la base de los pesebres actuales.
Con el correr del tiempo la piedad y la imaginación popular fueron añadiendo detalles para completar la escena.
En tanto, la historia de Papá Noel se relaciona con la vida de un santo, Nicolás, quien nació en el seno de una familia rica de Patar, en el Asia Menor, donde al morir sus padres heredó una fortuna incalculable para la época, que con extrema bondad puso a disposición de niños, jóvenes y necesitados.
Siendo obispo de la iglesia bizantina de Myra, en Turquía, desarrolló una loable tarea social rodeada de hechos "milagrosos" y hasta "misteriosos" que lo llevaron a ser proclamado santo por la Iglesia católica.
Con el correr del tiempo, la figura espigada y barbuda de San Nicolás, cuyos restos descansan hoy en la ciudad italiana de Bari, se transformó y hasta cambió de nombre: Santa Claus, Papá Noel o simplemente "Santa".
A pesar de ser obispo y utilizar el color rojo en sus atuendos, es al ilustrador Haddom Sundblom a quien se le atribuye la figura gordinflona, la barba blanca y los tonos rojizos en las prensas de Santa para desarrollar, en 1933, una campaña publicitaria para una conocida gaseosa.
Más tarde se sumó a la tradición de ingresar por las chimeneas a dejar regalos y augurios de paz y fraternidad.
Después se agregó también el trineo volador arrastrado por nueve renos llamados Brioso, Bailarín, Acróbata, Cometa, Cupido, Trueno, Relámpago, Juguetón, liderados por Rodolfo, el más "popular" por la canción que lo describe por su nariz roja.
Las versiones entorno al árbol navideño son muchas, pero todas tienen a Europa como raíz común. Las más precisas y no tan añejas dicen que fue en Alemania y que la idea era, simplemente, darle un toque verde al hogar con un abeto, pino o boj en contrapartida a la frialdad del blanco exterior.
Sin embargo, la tradición de adornarlo está rodeada de otros simbolismos y se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se estableció una relación con la fiesta cristiana.
Algunos autores sostienen que, en invierno, los campesinos temían que los "espíritus" de la cosecha y la abundancia abandonaran la región, por eso para estimularlos colgaban decoraciones de piedras pintadas y telas coloreadas.
Otros, en cambio, atribuyen el rito a los fieles que iluminaban su camino con velas para ir a misa el 24 de diciembre a medianoche, y que con el correr del tiempo las fueron colocando directamente en los árboles.
Pero la magia del árbol de Navidad tiene su propia leyenda.
Una noche fría de diciembre, en un claro de las montañas de Judea, se levantaba erguido un joven abeto plateado, que la primera Nochebuena de la humanidad se iluminó con una estrella fugaz que tocó su copa y brilló toda la jornada anunciando la Buena Nueva.
Los que presenciaron aquel "milagro", según la tradición, iniciaron la costumbre de adornar con plata y luces de colores un árbol de similares características en el interior de sus casas.
Por su parte, los villancicos son canciones ingenuas, en general anónimas, que se cantan en honor al Niño Jesús.
Etimológicamente, la palabra proviene del vocablo latino "villanus", que se traduce al español como "villano" y designa al "habitante de una villa, o casa de campo", ya que ésta era la condición de sus autores e intérpretes.