Luis Urzúa, la pieza clave para la supervivencia de los mineros

El jefe de turno, apodado "capitán del barco" por los obreros, se convirtió en los ojos del equipo de rescate en las profundidades de la mina. Además, dirigió al grupo a un lugar seguro y racionalizó los alimentos para no pasar hambre

Le dicen don Lucho, tienen 54 años, está casado y tiene una hija de 25 y un hijo de 22 años, que lo esperan ansiosos. Fue vital para que el rescate llegara a buen puerto.

Aquel 5 de agosto, cuando la mina se desplomó, él estaba al mando del grupo de mineros que quedó atrapado. Lejos de escaparle a la responsabilidad, asumió el control y logró racionar las pocas latas de atún y los escasos litros de leche para mantenerlos con vida hasta que los rescatistas dieron con ellos.

Este topógrafo montó su oficina en uno de los vehículos que habían quedado en el fondo de la mina y con sus dibujos orientó a las autoridades sobre los posibles peligros subterráneos.

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Urzúa también fue el primero en hablar con el presidente Sebastián Piñera. "Bajo un mar de rocas, estamos esperando que todo Chile haga fuerza para que nos puedan sacar de este infierno", imploró.

No tuvo una vida fácil. Es el mayor de seis hermanos, con un padre fallecido a temprana edad. Colaboró en la crianza de los más pequeños y fijó reglas claras y precisas para sacar a su familia adelante, tal cual hizo con sus compañeros. La propia NASA destacó sus aptitudes en la dirección del grupo.

También debió sortear situaciones difíciles en su vida de minero. Estuvo en el incendio de la mina Carola, en enero de 2006, cuando murieron tres mineros tras la explosión de un camión.

Le dicen "el Capitán del barco". Su autoridad es tal que en el primer contacto con el exterior, el minero que atendió no quiso hablar y dijo: "Espere ministro (por Golborne), que le paso con el jefe". Ese jefe no era otro que Urzúa.

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