"No encontramos ni un caso en el que un soldado israelí apuntara su mira y deliberadamente disparara contra un civil palestino", indicó Harel, según fue citado por los medios israelíes, en la presentación de los resultados de una investigación interna del Ejército por acusaciones de violaciones de los derechos humanos en la ofensiva que comenzó el 27 de diciembre y finalizó el 18 de enero.
Asimismo, el Ejército israelí admitió que usó dos tipos de fósforo blanco, pero insistió en que lo hizo de acuerdo a las leyes internacionales.
En la mayoría de los casos utilizó una variedad que forma una pantalla de humo para proteger a las fuerzas terrestres contra militantes que arrojaban misiles antitanque, argumentando de que "en muchos casos evitó la necesidad del uso de municiones explosivas cuyo impacto hubiese sido mucho más peligroso".
Harel dijo que también usó una "cantidad muy limitada" de otro tipo de fósforo blanco usado para hallar y marcar blancos, pero sólo en "áreas abiertas".
Grupos internacionales de derechos humanos afirmaron que el uso de fósforo blanco en áreas pobladas es una violación de las leyes internacionales, porque causa graves quemaduras en la piel y por lo tanto causa daños desproporcionados a los civiles.
El Ejército también admitió que hizo un "error profesional", "altamente desafortunado", cuando un ataque aéreo en el barrio de Zaytoun de la Ciudad de Gaza impactó en el edificio equivocado y causó la muerte de más de 20 miembros de la misma familia. El objetivo real era un depósito de armas en un edificio próximo.
No sólo se atacó el edificio equivocado, sino que también se realizó a la casa equivocada el llamado de advertencia del ataque.
Otro ataque ocurrió el 15 de enero en el barrio de Tel al Hawa, de la Ciudad de Gaza, en el que fue impactado un almacén en la sede central de la UNRWA con fósforo blanco y se incendió, destruyendo gran cantidad de ayuda humanitaria.
Una declaración emitida por el Ejército insiste en que la cifra de errores de inteligencia y operativos realizados durante la ofensiva era comparativamente "pequeña". Los combates tuvieron lugar "en un campo de batalla complejo contra un enemigo que eligió, como parte consciente de su doctrina, a ubicarse a sí mismo en el medio de la población civil".
Según el Centro Palestino de Derechos Humanos, 1.417 palestinos murieron en la ofensiva, de los cuales alrededor de dos tercios eran civiles. Además, 13 israelíes perdieron la vida en combates terrestres y ataques con cohetes.