Cumbre entre Bush y Putin para distender la relación

El presidente de los Estados Unidos y su par de Rusia se reúnen para tratar de tender puentes en una relación que atraviesa los mayores picos de fricción desde la caída del Muro de Berlín. Diferencias por el escudo antimisiles

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 AP 162
AP 162

Con el propósito de dar calidez a la reunión, George W. Bush ha invitado a Vladimir Putin, que llegó ayer y se marchará menos de 24 horas después, a la mansión de sus padres en Kennebunkport, una localidad veraniega en el noreste de los EEUU.

Se trata de la primera ocasión en que el presidente estadounidense invita a un líder extranjero a esa residencia, lo que no ha dejado de sorprender a los expertos.
 
Pero lo cierto es que incluso la Casa Blanca ha tratado de rebajar las expectativas de la cumbre, que comenzará con una recepción este domingo y continuará con una sesión de trabajo de los gobernantes, a la que seguirá un almuerzo ya con sus esposas, el lunes.

Contrariamente a lo que suele suceder en este tipo de ocasiones, no habrá una rueda de prensa formal y los líderes se limitarán a emitir unas breves declaraciones a un grupo de periodistas.

Los mandatarios tienen mucho de lo que hablar, y muchas posturas que acercar. En los últimos meses han abundado sus diferencias en asuntos como Kosovo, la situación de la democracia en Rusia o el sistema antimisiles que Estados Unidos planea instalar en el este de Europa.

Según ha explicado el portavoz de la Casa Blanca Tony Snow, no cabe esperar que en la reunión se produzcan "nuevos anuncios grandiosos". En su lugar, apuntó Snow, se trata de "una ocasión para que los dos líderes dialoguen" de manera franca sobre asuntos como el escudo antimisiles, la situación en Oriente Medio y los programas nucleares de Irán y Corea del Norte.

Ambos mandatarios se reunieron por última vez a principios de este mes durante la cumbre del G8, los países más desarrollados y Rusia, celebrada en Heiligendamm (Alemania). En esa reunión, Putin, que se ha mostrado muy crítico con el sistema de defensa antimisiles que planea EEUU en países del este de Europa, ofreció a Washington como alternativa una estación de radares en Azerbaiyán como la primera instalación de un escudo defensivo conjunto, que protegiera a los dos países y a Europa.

Washington definió la oferta en un primer momento como "interesante", aunque el secretario de Defensa, Robert Gates, ha indicado posteriormente que las instalaciones de Azerbaiyán no sustituirán a las previstas en la República Checa y Polonia.

La Casa Blanca no ha querido mostrarse tan tajante como el Pentágono. "El presidente está alentado porque el presidente Putin pensara que es importante hablar de defensa antimisiles y reconozca que si una potencia hostil, un Estado fallido, consigue cabezas nucleares de misiles todo el mundo va a correr peligro en Europa y Asia", apuntó Snow.

Antes de la cumbre del G8, Putin había calificado los planes estadounidenses como una "amenaza" para su país, aunque EEUU insiste en que el objetivo de ese escudo es neutralizar los misiles que lancen países "renegados".