Sin dudas, el hundimiento del ARA General Belgrano el 2 de mayo de 1982 fue el hecho más trágico de la guerra de las Malvinas, donde 323 combatientes argentinos a bordo perecieron luego de que un submarino británico impactara sobre su estructura dos torpedos que resultaron mortales.
La misión estuvo a cargo del comandante del submarino nuclear MHS Coqueror, Chris Wreford-Brown, que persiguió durante 14 horas al crucero argentino hasta hundirlo en Zona de Exclusión, hecho que despertó una enorme polémica entre la Argentina y el Reino Unido.
El Conqueror sirvió para la Royal Navy de 1971 a 1990. Era el tercero en importancia para los británicos, detrás del Churchill y el Courageous. Tenía un desplazamiento de 4.900 toneladas sumergido y un largo de 86,9 metros. Su velocidad debajo del agua era de 28 nudos.
Un día después de que la Argentina recuperara por la fuerza la soberanía de las islas, el Conqueror partió desde Escocia en misión hacia el Atlántico Sur. Llegaría a la Zona de Exclusión 21 días después.
Podía disparar hasta 8 torpedos en tubos de 6x533 mm.
El 2 de mayo, a las 4 de la mañana, el General Belgrano recibió la orden de regresar de su misión. El Conqueror continuaba con su persecusión. A las 16:01, los dos torpedos impactaron sobre el crucero argentino. Una hora después, desaparecía de la superficie y el agua lo tragaba.
La única operación de combate del Conqueror -el primer submarino nuclear en hundir un barco- durante el conflicto de las Malvinas fue ésa. El resto del conflicto se dedicó a aportar logística e inteligencia. Y también a tratar de sortear los embates de la Fuerza Aérea Argentina.
Luego de la guerra, el submarino Conqueror retornó al puerto de Faslane, en Escocia y nunca más tomó parte de ningún conflicto bélico. Fue sacado de servicio en 1990.