El fabuloso palacio donde vivió Nerón

El polémico emperador romano mandó a construir la Domus Aurea luego del incendio intencional que destruyó la capital italiana. La mansión se extendía por kilómetros y hasta incluía un techo giratorio

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Lo que queda de la Domus Aurea, la fabulosa mansión del emperador Nerón que fue cerrada al público hace más de un año por el desprendimiento del techo, fue reabierta a las visitas, aunque ahora éstas serán restringidas a grupos reducidos y las guiará un experto en seguridad.

La célebre "Casa de Oro" romana, a un paso del Coliseo y uno de los sitios favoritos de los turistas que visitan la capital de Italia, estuvo abierta apenas cinco años a partir de 1999 y su restauración completa demandaría muchísimos años, dijeron los expertos.

A la Domus Aurea no podrán ingresar, como entonces, grupos de turistas acompañados por un guía: se visitará como un sitio arqueológico reservado a pocas personas (un máximo de 20), con casco protectivo y guiados por un experto en seguridad, precisa un despacho de Ansa.

"Hemos preferido organizar una visita reducida de este tipo porque si esperábamos a terminar la restauración habría pasado una vida", explicó Francesco Cochetti, encargado por la comuna romana de crear un circuito que no interfiera con las tareas de refacción ni ponga en peligro la integridad de los visitantes.

La Domus Aurea fue construida por orden de Nerón, aprovechando el incendio que arrasó con gran parte de los edificios que se levantaban en los barrios del Celio y del Esquilino, dos de las siete colinas de Roma.

Se extendía por kilómetros, rodeada de bosques y de un gran lago donde luego se construyó el Coliseo. Pero al morir el emperador, su sucesor, Tiberio, ordenó sepultar la colosal villa para construir encima las termas que llevan su nombre.

A principios del siglo XVI, un pastor descubrió una grieta en el terreno y al bajar halló lo que se creyó una gruta totalmente pintada, cuyos dibujos fueron imitados Rafael, Pinturiccio y otros artistas del Renacimiento que en ese entonces decoraban el Palacio Vaticano.

Hasta ahora nadie llegó a explorar el sector occidental de la sepultada residencia, que aún conserva sospechados tesoros, tal vez de la calidad de las magníficas estatuas recuperadas en la parte conocida, entre ellas el Laoconte que sorprende a los turistas a poco de ingresar a los Museos Vaticanos.

A partir de hoy se puede visitar un área del sector oriental aunque sin llegar hasta la esplendorosa sala octogonal, toda revestida de frescos y con un mecanismo en el techo que lo hacía girar como si fuera una porción de cielo.

La restricción obedece a que allí la estructura es todavía demasiado frágil para afrontar la visita de turistas, cuyo calor corporal y respiración pondrían en peligro las pinturas.