La figura legendaria de Pascual Pérez, el primer campeón del mundo del boxeo argentino, se apagó hace tres décadas tras librar una de sus más duras batallas en su vida personal, en una existencia cargada de hazañas, gloria y golpes bajos.
La figura de Pascual Pérez, velada en el histórico Luna Park, lejos estaba del "pequeño gladiador" que sorprendió al mundo en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, cuando se alzó con la presea dorada.
Distante también estaba del exquisito boxeador su triunfo en Tokio, cuando se consagró campeón del mundo en noviembre de 1954, tras derrotar al local Yoshio Shirai por puntos.
La imagen de los últimos años, desengañado, herido por los golpes de una vida personal errante, hizo que el final de Pascualito fuera prematuro y sorprendiera a sus fanáticos, que aún tenían frescos los recuerdos de sus hazañas pugilísticas.
Hijo del furor peronista por el deporte de la década del 40, este mendocino, nacido en Tunuyán el 4 de mayo de 1926, fue uno de los artífices de la gran actuación de Argentina en los primeros Juegos Olímpicos posteriores a la Guerra Mundial de 1948.
Pese a la ansiedad por convertirse en profesional, Pérez siguió ganando todo en su camino como amateur y recién se calzó los guantes en la etapa rentada, en 1952.
A partir de allí, de la mano de su entrenador, Francisco Segura, y de su apoderado, Lázaro Koci -el descubridor de José María Gatica- edificó una campaña formidable que lo colocó en las puertas del título mundial.
Para ganarse ese lugar, primero empató con el campeón mundial, Shirai, en Buenos Aires, resultado que lo catapultó cuatro meses después, el 26 de noviembre de 1954, a su noche de gloria.
Para ello tuvo que viajar a Japón, previo paso por Los Ángeles -donde se entrenó casi tres semanas-, y subirse al ring preparado como nunca para sostener la batalla más importante de su vida deportiva.
Buenos Aires, paralizada
En Buenos Aires, a las siete de la mañana de ese día, se inició la pelea. Un combate que paralizó al país y dejó como fotografías emotivas, la imagen de los porteños agolpados cerca de las radios para escuchar las alternativas del combate, que fue relatado por "Corner" y Fiorovanti.
Los autos se detuvieron en la calle y con sus radios a todo volumen hicieron partícipes a los transeúntes de la novedad deportiva.
Desde la mítica pelea de Luis Angel Firpo y Jack Dempsey, en 1923, no se había vivido una expectativa similar.
Incluso, en la Casa de Gobierno, el entonces presidente Juan Domingo Perón detuvo su actividad para escuchar en su despacho la pelea. La actuación de Pascualito fue formidable.
Una lección de boxeo que dejó sin defensas a Shirai y sumó diferencias contundentes en la tarjetas de los jurados que lo vieron ganador por unanimidad.
Al borde del ring, sólo un reducido grupo de argentinos conformado por el maratonista Reynaldo Gorno y el músico Francisco Canaro, fueron testigos privilegiados de la hazaña del pequeño gigante.
Pérez fue un campeón del mundo fantástico, defendió su corona en nueve oportunidades entre 1955 y 1960, un récord para la categoría Mosca que recién en 2006, el argentino Omar Narváez pudo superar.
Para engrandecer su figura, la mayoría de estas defensas las realizó en el exterior, ya que su manager, Koci, se peleó con los propietarios del Luna Park y sus púgiles no pudieron pelear más allí.
En 1960, el 16 de abril, el tailandés, Pone Kingpetch le arrebató la corona al derrotarlo por puntos en Bangkok y comenzó a astillar su carrera profesional, al volver a perder en el desquite, cinco meses después, esta vez por nocaut técnico en la octava vuelta.
Desde ese momento hizo 34 peleas mas en tres años, recorriendo todo el país, demostrando que en Argentina aún era imbatible, pero cayendo ante rivales internacionales cuando buscó una catapulta a los primeros niveles mundiales.
Tras caer, en Panamá, ante Eugenio Hurtado por abandono -su última pelea- anunció su retiro en abril de 1964, y dejó una campaña que incluyó combates como amateur en 125 oportunidades con 16 campeonatos ganados y un récord profesional de 84 victorias (57 por KO), 1 empate y 7 derrotas.
La vida después del boxeo
La vida cotidiana le deparó algunas derrotas más, separado de su mujer, quien se llevó parte de sus ganancias, pasó a vivir de su gloria lejana y si bien fue considerado siempre por su pares, la soledad lo hundió en la bebida, escenario del cual no pudo ya salir más.
Pascualito fue el pequeño gigante que construyó el primer eslabón de una ya interminable cadena de campeones mundiales de boxeo para la Argentina, un hacedor de hazañas vigente aún en la memoria colectiva como la estirpe de su calidad pugilística.