Conmueve a Los Ángeles la lucha entre pandillas negras e hispanas

Después de que 20 ataques a balazos de pandillas en Compton dejaron cuatro muertos en un fin de semana de julio, y que la tensión no dejara de crecer, las autoridades enviaron agentes al lugar

Guardar
(AP).-

Alejandro "Bird" Martínez se divertía manejando una camioneta robada junto con otros pandilleros cuando se toparon con un hombre de raza negra que estacionaba su automóvil... y decidieron matarlo.



Martínez y dos secuaces se bajaron y acribillaron a Kenneth Kurry Wilson y su Cadillac con balas de un revólver 357, una pistola semiautomática y una escopeta.



Cuatro miembros de los Avenues, una pandilla hispana arraigada en un vecindario de Los Angeles, fueron condenados por crímenes federales de odio generalmente exclusivos de los supremacistas blancos. Los fiscales sostuvieron que la pandilla trataba de desalojar a los negros.



El asesinato ocurrió hace siete años, pero el veredicto reciente fue uno de varios recordatorios este año de que la violencia racial entre hispanos y negros sigue siendo una realidad en Los Angeles.



Si bien algunos policías, académicos y aun pandilleros insisten en que el racismo no es un motivo de la violencia, un par de asesinatos _ el de un adolescente hispano abatido por un atacante negro que, según testigos, profirió el nombre de una pandilla al huir, y el tiroteo desde un automóvil en marcha por un par de afroamericanos que dejaron tres hispanos muertos_ parecen indicar lo contrario.



"Si la motivación no es racial, si no es pandillera, ¿entonces cuál demonios es la motivación?" se preguntó el activista Taylor Mayfield, del sur de Los Angeles, después del segundo de esos ataques.



Después que 20 ataques a balazos de pandillas en Compton dejaron cuatro muertos un fin de semana de julio, el alguacil Lee Baca, del condado de Los Angeles, despachó agentes al lugar aduciendo las tensiones entre pandillas negras e hispanas.



El fiscal federal que supervisó el caso de los Avenues anunció planes de procesar a otras pandillas involucradas en hechos de violencia raciales.



Los asesinatos del 30 de junio movilizaron a líderes negros e hispanos a sostener una reunión de emergencia para determinar cómo contener ese ciclo de violencia.



"Por favor hablen con los miembros de sus pandillas y pídanles que hagan una tregua", exhortó el activista Eddie Jones, del sur de Los Angeles, a líderes de pandillas negras e hispanas. "Paren los ataques a tiros y las muertes sin sentido".



Ha habido pocos estudios sobre la violencia entre negros e hispanos en Los Angeles. Uno fue obra del profesor George Tita, de la Universidad de California, en Irvine, quien revisó los casi 500 homicidios perpetrados entre 1999 y 2004 en un barrio violento del sur de Los Angeles, y halló que casi todos los casos eran de negros contra negros o hispanos contra hispanos.



"Los episodios poco comunes son los más publicitados", señaló sobre las matanzas entre hispanos y negros.



El jefe de policía William Bratton dijo que no hay evidencias de que los asesinatos del 30 de junio hubiesen sido de origen racial o siquiera pandillero, una afirmación que ha hecho preguntarse a algunos cuándo la policía reconocerá las tensiones entre las pandillas negras e hispanas.



"Fíjense en la historia de esta ciudad. Ardió en llamas", comentó el procurador general asistente Martin Vranicar, que supervisa los casos de pandillas, en alusión a los motines raciales de 1992 que estallaron después que un jurado blanco absolvió a cuatro policías blancos de los cargos más graves en la golpiza al motorista negro Rodney King.



Complica la situación actual la salida de los pandilleros de la cárcel, donde la incorporación a una pandilla de identificación racial es un modo de supervivencia. Una guerra entre bandas de presos hispanos y negros desencadenó este año una serie de motines carcelarios en California, que dejaron dos muertos y más de un centenar de heridos.



"Toda la cuestión racial se proyecta al mundo real", afirmó Joseph Holguín, de 28 años, que se crió en un complejo de viviendas públicas en el este de Los Angeles como miembro de la pandilla Primera Flats.



Las riñas pandilleras en Los Angeles eran tradicionalmente de negros contra negros, encarnadas en la guerra entre los Crips y los Bloods. Eso cambió en la década de 1990, cuando inmigrantes hispanos empezaron a radicarse en Compton y el sur de Los Angeles en viviendas que dejaban los negros de clase media.



El área era 80% negra y 20% hispana en 1980, según un análisis del profesor Manuel Pastor, de la Universidad de California en Santa Cruz. Para el 2000, los residentes hispanos representaban el 60% y los negros el 40%.



Afloraron resentimientos entre los negros que se quedaron _que se sintieron acosados por los recién llegados_ y los hispanos.



"Trataban de intimidarme por no ser negro", se quejó Mario Bonilla, un inmigrante mexicano de 22 años que pasó receloso gran parte de su infancia en el sur de Los Angeles. "Están resentidos con nosotros".



Una convulsión de violencia en 1993 y 1994 fue el más reciente estallido masivo dentro del enfrentamiento entre pandillas negras e hispanas. Dos grupos latinos olvidaron una vieja rivalidad para combatir a la pandilla negra Shoreline Crips, que acapararon las ventas de drogas en el sector de Venice. La lucha territorial dejó 11 muertos en seis meses.



Skipp Townsend aprendió poco después que el conflicto entre negros e hispanos puede estallar en cualquier momento.



Aun después que se mitigó la violencia en Venice, estalló en el barrio del sur de Los Angeles donde Towsend, hoy de 42 años, era miembro de una pandilla negra. Una guerra que comenzó hace más de 10 años con una pelea entre un pandillero de los Blood y un miembro de la 18th Street Gang, mayormente hispana, continúa hoy.



"No tenía idea que un año y medio después yo perdería a tantos seres queridos", se lamentó.



El caso de los Avenues ofrece otro ejemplo vívido.



Un informante dijo al FBI que en 1998 el grupo recibió una orden de la pandilla Mexican Mafia, en la cárcel, de matar a todos los negros a la vista en su barrio de Highland Park, predominantemente hispano.



Antes de asesinar a Wilson, miembros de los Avenues aterrorizaron a otros negros: dispararon contra un muchachito de 15 años que andaba en su bicicleta, golpearon a culatazos a un negro que trotaba por la calle y dibujaron perfiles de cadáveres en el pavimento de la entrada del garaje de una familia negra.



En el 2000, miembros de los Avenues atacaron a otro hombre negro que aguardaba un autobús en Highland Park mientras le proferían insultos raciales. Poco después que Chris Bowser denunció el ataque a la policía le dispararon tres balazos en la cabeza y murió en la calle.



Sin embargo, es un error describir las batallas entre pandillas de negros e hispanos como cuestión exclusivamente racial, dijo Gregory Boyle, un sacerdote jesuita que ha trabajado durante más de 20 años rehabilitando pandilleros en el este de Los Angeles. Indicó que se trata más bien de la lucha entre pandillas que de pronto ocupan el mismo territorio.