Con una silenciosa pero inevitable sed de revancha, Carlos Bianchi partió a España para hacer una nueva experiencia como entrenador y olvidar pesares en el Viejo Continente. De la mano del Atlético de Madrid, sabía que afrontaba el duro compromiso de revalidar su talante de técnico exitoso.
Como dentro de una cancha de fútbol cuando se tira una pelota a dividir, el técnico argentino se jugó a todo o nada su hasta entonces casi intachable trayectoria. Estaba convencido de que merecía otra oportunidad. Y vaya si, metros más allá de la línea de cal, desde el banco de suplentes que tantas alegrías le dio, volvió a cavarse su propia fosa hasta agregarle una mancha más a su currículum, el de un nuevo fracaso en Europa.
Luego de la mala experiencia en la Roma ?su mala cara más visible en el exterior tras un paso por la segunda división del fútbol francés- Bianchi logró lavar su imagen con los títulos conseguidos en Boca. Es que el "Virrey" sufrió el traspié en Italia luego de consagrar internacionalmente a Vélez, y por eso, tras hacer lo propio con el club de La Ribera, preparó el equipaje para redoblar la apuesta en el Atlético.
El desafío tuvo una vez más una única cara: nada que rescatar en cuestión de juego y resultados, en España se ganó insultos y desconfianza hasta probar de nuevo el sabor de la frustración.
En 18 jornadas, lo único que logró fue, a fuerza de su intachable perseverancia, prolongar su estadía en Madrid. Su salida era previsible. Así como llevó a la euforia a su público con la victoria frente al Barcelona en uno de los primeros partidos de la Liga española, en cuestión de fechas la desilusión pasó a cubrir un panorama con daños irreparables.
La prensa española rápidamente dio cuenta de las falencias de su proyecto. Un equipo con pobre poderío ofensivo, "ultradefensivo" ?así lo caracterizaron casi desde la primera hora- y ya acostumbrado navegante de mitad de tabla en la Liga, con tendencia a acercarse más a los puestos de descenso que de privilegio, Bianchi había llegado al punto de empeorar su campaña en la Roma, para nada feliz.
Precisamente fue en Italia donde su impronta, la habitual facilidad para comunicar sus ideas a un plantel, le jugó una mala pasada. La razón que más peso adquirió respecto a su salida fue la de los insostenibles problemas con los jugadores, en especial con un referente como Francesco Toti, a quien llegó a calificar de "novato".
Desde entonces, su relación con la prensa cada vez que surgía el tema se ponía tensa. Apenas alguna vez reconoció su fracaso, para mostrarse esquivo la mayoría de las veces. Algo se había roto.
Aunque no muy atrás en el tiempo, paradójicamente quedaron muy lejos los campeonatos nacionales e internacionales con Boca y Vélez, el reconocimiento mundial y los premios al "Mejor director técnico de Sudamérica". Bianchi volvió a fracasar en el lugar que menos quería y eso, para un hombre acostumbrado a codearse con el éxito en otra parte del mundo, a esta altura ya resintió su prestigio.
Pedro Fermanelli
redaccion@infobae.com
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