Aplastante victoria del Partido Liberal Demócrata en Japón

De esta forma, el primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, obtuvo el apoyo legislativo para lanzar unas polémicas reformas en el país

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(EFE).-

El Partido Liberal Demócrata (PLD) del primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, obtuvo ayer una aplastante victoria en las elecciones celebradas en Japón, que da carta blanca al jefe del Ejecutivo para sacar adelante sus polémicas reformas.



Un Koizumi más eufórico que nunca atendió a la prensa cuando se confirmó la abrumadora victoria de su formación en las cuadragésimo cuartas elecciones generales niponas, convocadas por el primer ministro el pasado 8 de agosto, cuando fue rechazada en el Senado su reforma del servicio de correos japonés.



"Los resultados son mejores que los anticipados", dijo Koizumi, quien agradeció a los ciudadanos el "voto de confianza" que para su propia labor supone el triunfo electoral del PLD.



Desde 1986, con el primer ministro Yasuhiro Nakasone, el PLD no había conseguido una victoria tan apabullante como la obtenida este domingo, que le permite disponer de 296 de los 480 escaños de que se compone la Cámara Baja del Parlamento nipón.



La principal fuerza de la oposición, el Partido Democrático de Japón (PDJ) que lidera el impasible Katsuya Okada, se tuvo que conformar con 113 escaños, muy lejos de los 175 que consiguió en las anteriores elecciones generales, de noviembre de 2003.



Por si fuera poco, el actual aliado en el Gobierno del PLD, el partido Nuevo Komeito, de inspiración budista, obtuvo 31 escaños, que, si bien no son precisos para la mayoría absoluta de Koizumi, bien pueden dar el colorido multipartidista que maquille el monolitismo de los liberal demócratas.



De los 480 escaños en pugna, 300 se adjudicaron con un sistema de circunscripciones con un único asiento y los 180 escaños restantes se repartieron proporcionalmente en listas de partidos.



Koizumi, primer ministro desde abril de 2001, hizo gala en esta campaña electoral de una estrategia "mágica" (como la denominaron los mismos partidarios de Okada), que hizo a los electores olvidar el despliegue de tropas japonesas en Irak, sus devaneos militaristas que pueden llevar a la reforma de la Constitución pacifista y el empeoramiento de las relaciones con sus vecinos asiáticos.



La primera clave del éxito de Koizumi y el PLD en estos comicios fue su enconada defensa de la reforma del servicio de correos, pilar de su estrategia económica y espada de Damocles de los opositores, incapaces de levantar una enseña de semejante atractivo.



Koizumi había insistido durante la campaña electoral que la privatización del servicio postal es la más importante reforma emprendida en Japón desde que en 1868 diera el paso adelante hacia su industrialización.



Además de enviar cartas y paquetes postales, el Servicio de Correos japonés es la mayor caja de ahorros del mundo, con tres billones de dólares en fondos, y el mayor comprador de deuda pública de Japón.



Pero además está considerado como el "segundo presupuesto" del Gobierno japonés y del PLD, y con su sistema de poderosos sindicatos ha sido una fuente de votos para el partido en el Gobierno.



Koizumi ha prometido acabar con la burocracia que impregna esta institución y dividirla para garantizar su eficacia, mensaje que ha calado más hondo y gustado más que la reforma de las pensiones defendida por Okada.



Según Koizumi, los votantes han entendido la reforma del servicio postal como un paso hacia otros cambios necesarios para sanear la economía nipona, de ahí su apoyo en las elecciones celebradas ayer.



"La gente me ha dado un voto de confianza para que siga adelante con ese plan", dijo el primer ministro a la prensa.



Pero, además, la reforma postal ha servido a Koizumi de instrumento para llevar a cabo la esperada depuración del PLD, nido durante años de facciones enfrentadas entre sí y que actuaban como auténticos grupos de oposición política al Gobierno.



Algunos expertos han indicado que la derrota de la reforma de correos en el Senado fue fruto de una calculada estrategia de Koizumi, mediante la cual pudo sacar a la luz a los disidentes más peligrosos para el PLD, precisamente quienes apoyaron al PDJ en las votaciones legislativas para rechazar la privatización de correos.



Una vez descubiertos éstos, Koizumi sólo tuvo que disolver las Cámara baja, convocar elecciones y dejar a los correligionarios rebeldes fuera de las listas del PLD.



El puño de hierro y la falta de misericordia empleados contra los 36 rebeldes del PLD (convertidos de pronto en samuráis sin señor) desconcertaron a muchos japoneses acostumbrados a las buenas formas incluso entre enemigos políticos, pero también dio la talla de la firmeza de la que inesperadamente hacia gala Koizumi.



Esta fue precisamente la tercera razón argumentada por la prensa nipona para explicar el avance de Koizumi: su "energía" desplegada en estos días de campaña se impuso sobre la excesiva calma y seriedad de Okada, que fue interpretada como apatía y falta de temperamento por muchos electores.