Quienes tenían dudas acerca de si se ponían demasiado tontos, no la tengan. Esos síntomas del enamoramiento son tan ciertos como el cuerpo humano. Se respira con dificultad, se tiene taquicardia, disminución del apetito, y entonces vienen los pensamientos obsesivos, ansiedad por el futuro, repentinos cambios de humor.
 
El psicólogo clínico inglés Frank Tallis, de la clínica neurológica de King's College, sacó un libro que se llama Love Sick (Mal de amor) que propone una tesis paradojal y provocativa: el amor es una forma de enfermedad mental necesaria para la que en verdad no tenemos ninguna cura.
 
En las primeras páginas critica que la medicina ni la psicología tomaron nunca muy en serio al amor: "Como psicólogo clínico, tengo la impresión de encontrar en esto a muchos de mis pacientes y no puede ser definido de otra manera. Se van con diagnósticos oficiales de depresión o disturbios de ansiedad pero que son en realidad la específica experiencia del enamoramiento".
 
El amor cambia profundamente a la persona, la influye del modo en que piensa y se comporta, y cuando no es feliz causa un verdadero y propio malestar físico.
 
"El diagnóstico del mal de amor es considerado legítimo y útil. Y se vuelve a lo que los antiguos médicos decían: pensar fijamente en el amado, tener melancolía, estado de éxtasis, violenta oscilación en el humor". Les decían obsesiones o manías, pero no eran.
 
El amor es una especie de mecanismo de seguridad a punto con la evolución, para resguardar al ser humano de su propia racionalidad. Debe ser irracional para asegurar la procreaciòn y la prosecución de la especie.
 
Nuestros niños nacen muy vulnerables y débiles, y buscan siempre la atención y mimos de sus padres. A diferencia de otros animales, tenemos un cerebro que puede ir contra los instintos reproductivos, pues si decidiéramos todos no tener hijos, se acabaría la especiel.
 
En cambio, continuamos en la tierra. Dicen los expertos que en la mayor parte de los casos la fase del enamoramiento veradero dura cerca de dos o tres años, el tiempo suficiente para tener posibilidades de tener un niño.
La fiebre del amor dura lo que basta hacer una nueva generación. Lo emotivo abona la irracionalidad que se precisa, que no es una "decisión".
 
Cuando se tiene sexo, cambia la química del ceerebro y nos parece el otro más atractivo. Tanto que produce emoción. Esto aumenta si a la vez se comparten visiones del mundo, que da estímulo intelectual. El sexo libera químicos que distorsionan la percepción, y desde esta perspectiva los infieles sólo son "buenos alumnos" de la evolución de la especie humana.