Una luz tenue pende balanceándose desde el techo e ilumina el improvisado cuadrilátero. El ring no es otro que siete sujetos formando un amplio círculo, todos con facha de ejecutivos que apenas alcanzaron a soltarse un poco la corbata antes de llegar a la cita. En el centro del grupo, Pablo "Mano Dura" se arremanga la camisa, se enfunda unos gastados guantes y frunce desafiante el ceño, mientras mira fijamente a su retador, el corpulento "Perro" Correa.
Un aplauso y comienza la pelea. Poca técnica, nadie acierta hasta que el "Perro" conecta un derechazo y "Mano Dura" se da vuelta dando puñetazos para salvarse de la paliza. Hay risas entre el público y el combate se detiene. "Esto es el auténtico Club de la Pelea", sentencia "Killer", ingeniero y uno de los líderes del grupo que se reúne todos los jueves después del trabajo en Santiago de Chile.
La escena y el ambiente parecen sacados del libro de Chuck Palahniuk que se hizo popular luego de ser llevado a la pantalla grande por David Fincher (El Club de La Pelea, 1999), pero en lugar de Edward Norton y Brad Pitt, los protagonistas son un cerrado grupo de jóvenes profesionales chilenos. Según cuentan, en su improvisado estilo de boxeo amateur encontraron la mejor forma de armar su "club " sin ser molestados.
"La mayoría nos conocemos del colegio y algunos de nosotros habíamos practicado este deporte en forma extraprogramática. Pero nunca se nos había ocurrido sacar los guantes de nuevo hasta que vimos la película y dijimos ¿por qué no?", relata "Killer",en una nota al diario La Tercera.
Otro de los boxeadores, a quien llaman "El Lobo", explica que usan protectores para la cabeza. "Cuidamos no causarnos heridas: todos tenemos trabajo y no se vería bien. Lo hacemos porque es adrenalínico. Algunos juegan videos violentos, otros practican fútbol y se agarran igual, nosotros boxeamos y así descargamos tensiones", dice.
En Gran Bretaña y Estados Unidos la práctica es conocida como "boxeo de cuello blanco", un exclusivo deporte practicado por abogados, corredores de Bolsa, banqueros y ejecutivos que organizan peleas cuyos fondos son donados a la beneficencia. Uno de los más conocidos, en Londres, es The Real Fight Club, con centenares de miembros que afirman que tras sumarse su vida se volvió "más interesante".