La historia del crimen de la violinista argentina

Gracia Lezama se había casado con el millonario Michael Morton, y desapareció misteriosamente en Londres. Tras siete años de investigación, condenaron por homicidio al esposo

El arquitecto y millonario Michael Morton fue finalmente condenado por la muerte en noviembre de 1997 de su esposa, una violinista argentina, cuyo cuerpo no encontró aún la policía, reporta la agencia EFE.

Morton, de 67 años, proyectaba declarar oficialmente fallecida a su esposa este mismo año, como permite la ley hacer con una persona que lleva siete años desaparecida.

Pero el lunes, en Londres, un jurado lo declaró culpable de la muerte de Gracia Morton, cuyo apellido de soltera era Lezama, pese a la ausencia del cadáver. Deberá pasar siete años en la cárcel por homicidio.

La condena se debe, en gran medida, a la lucha que encaró la hermana de Gracia, Constanza Lezama, que estaba convencida de la culpabilidad de su cuñado.

Una historia de terror

Michael Morton era un hombre que apelaba a los avisos clasificados para encontrar pareja. Solía publicar sus solicitudes en el diario británico "The Guardian". Allí planteaba sus deseos de conocer a una mujer "con fines serios" y se autodefinía como un gran admirador de "Marx y Mozart en busca de amor".

Morton y Gracia Lezama, diecinueve años más joven que él, se conocieron en los años ochenta mientras ella pasaba unas vacaciones en Inglaterra, en casa de su hermana y su cuñado, Peter Thomas, director de la Orquesta Sinfónica de Birmingham.

La pareja se casó en septiembre de 1987 y tuvo una hija en 1993. Pero Michael tenía cuatro matrimonios anteriores, con los que también había tenido otros hijos y habían concluido en escándalo.

Al tiempo nomás de su boda comenzaron los problemas y Morton exigió condiciones particulares, como las que había exigido a su primera esposa, Patricia, que "debía ser su amiga para siempre", entre otras.

Tras casi 10 años de malos tratos, y al comprobar que la violencia era una constante en él, Gracia decidió abandonarlo en 1997.

El día de su desaparición, 12 de noviembre, Gracia dejó la cama de su casa sin tender y el desayuno a medio tomar. Estaba muy próxima a obtener la separación formal del excéntrico y violento Michael Morton.

Michael se defendió en el juicio y siempre sostuvo que esa mañana había discutido seriamente con su esposa, pero que ella tomó las llaves del auto, se fue y nunca más apareció. Incluso aseguró que la pelea fue por el colegio de la hija de ambos, ya que Gracia quería enviarla a una institución privada y él no.

Sin embargo, casi un año después, la policía comenzó a detectar indicios: Michael había jurado venganza si Gracia lo abandonaba. "Mi esposa y yo tenemos un contrato, repetidamente reafirmado, de que el matrimonio que contrajimos es indisoluble y para siempre", había escrito en una carta enviada a la hermana de la víctima, que fue presentada como prueba en el juicio.

Analizando las relaciones anteriores del acusado, se detectó que el hombre no soportaba que una mujer quisiera terminar con él.

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