El ?Maracanazo?, o el día que Uruguay entristeció a Brasil

Hace 55 años, los uruguayos se consagraban campeones del mundo en el Maracaná, que se acababa de inaugurar. Desde entonces, los cariocas cambiaron la camiseta

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Dicen que ahí andaba, Obdulio Varela ?capitán y héroe del Seleccionado uruguayo-, medio enojado después de que los directivos de su país le hubiera pedido al plantel, sumidos en las total desesperanza, que sólo intentara no perder por goleada: ?En la cancha somos once contra once. ¡Los de afuera son de palo!?, recuerdan que dijo, palabras más, palabras menos, Obdulio. Casi nadie sospechaba que 90 minutos después iba a nacer el ?Maracanazo?, uno de los momentos más históricos del fútbol de todos los tiempos.

Fue el 16 de julio de 1950, hace 55 años. Esa vez, Uruguay le ganó a Brasil en el partido definitorio por la Copa del Mundo 2 a 1 luego de dar vuelta el marcador. El encuentro se disputaba en el Maracaná, que se acababa de inaugurar y estaba colmado por 200 mil brasileños que ya se consideraban ganadores y minimizaban a los once uruguayos que habían saltado al terreno de juego.

No era para menos. A Brasil le alcanzaba con el empate, ya que así era el que sumaba más puntos de un cuadrangular definitorio en el que también participaban España y Suecia.

No sospechaban, entonces, que los ?charrúas? iban a amargar la fiesta de quienes habían llenado un estadio que se habilitó a pesar de que sus accesos y vestuarios estaban todavía en construcción y que encima no tenía palco de prensa.

El Maracaná había comenzado a construirse el 2 de agosto de 1948 y dos años después contaba con una capacidad para poco más de 183 mil espectadores, aunque más de 200 mil asistieron a aquel partido. Todos ellos brasileños, claro, si se considera que sólo cerca de 100 alentaban a Uruguay.

Limousines para trasladar a los jugadores después del partido, carrozas de carnaval para darle más brillo a los festejos por el título mundial y diarios que antes del encuentro ya anunciaban el logro "conseguido" por los brasileños pintaban cuál era el cuadro de situación previo a la definición.

Es más, Jules Rimet, el entonces presidente de la FIFA, llevaba en su bolsillo una discurso de felicitaciones que estaba dedicado a los locales.

?Con haber llegado ala final cumplimos. Así que traten de no perder por goleada?, le dijo a los uruguayos uno de sus dirigentes antes del choque.
Minutos después, en la cancha, el primer gol brasileño, que lo hizo Friaca, era un anticipo de la goleada que se esperaba y del título que se iba dando cada vez más por hecho.

Tras el tanto, Varela optó por enfriar el partido con un reclamo por una falta que no había existido pero que, al mismo tiempo, servía para enfriar los ánimos del estadio.

Luego, dado que el árbitro se había vuelto permisivo ante los fouls provocados por los locales, fue Obdulio Varela, el capitán más histórico de todos los tiempos, quien se puso el equipo al hombro y también apeló a las faltas. ?Estamos a mano?, le dijo a un rival en medio de un partido que se jugaba como si estuviese en un hervidero.

De ahí en más, Uruguay fue otro gracias a que Varela siguió siendo el mismo. ?Ahora vamos a ganar?, dicen que les dijo a sus compañeros.

Schiaffino consiguió el empate y Ghiggia la victoria para Uruguay.

Un uruguayo perdido en Brasil

Con un público local que no podía creer lo que pasaba, los uruguayos se dirigieron cómo pudieron al hotel para realizar algún festejo. Fue entonces que se dieron cuenta de que faltaba uno: Obdulio Varela.

Lo buscaron por todos lados pero no lo encontraban. Incusive se dice que hasta se llamó a la policía, temiendo que haya sido víctima de un secuestro.

La leyenda dice que el jugador no quería estar con los mismos dirigentes que no habían confiado en ellos y que ahora, con el título consumado, se mostraban contentos ante la prensa.

Varela salió a caminar, a recorrer aquellas calles empañadas por una tristeza pocas veces vista y se fue a tomar unas copas a un bar nocturno en el que pasó desapercibido.

Dicen que entonces un brasileño lo reconoció y empezó a decirles a todos los presentes quién estaba en el lugar. El uruguayo pensó que desde ahí se venía lo peor pero para su sorpresa los propios brasileños le invitaron tragos y se consolaron con él. ?¿Por qué nos hicieron esto??, le preguntaban, aunque en ningún momento fue víctima de agresiones o acciones hostiles.

Finalmente, regresó a la concentración uruguaya cerca de las cuatro de la mañana. Dos directivos se le acercaron para preguntarle dónde había estado pero él los ignoró, embroncado todavía por la falta de fe en el equipo.

Al regresar a Uruguay, Obdulio Varela casi no estuvo en contacto con la prensa, aunque ya era ídolo para su país.

Los años siguientes no fueron los mejores en su vida desde el punto de vista económico. Pobre, pudo comprarse una casa en Montevideo gracias a una colecta y comenzó a trabajar en un casino, donde veía cómo la gente despilfarraba su dinero cada noche.

Jugador emblemático del Uruguay, terminó viviendo en soledad hasta el día de su muerte. Tal vez soñando con un imposible: que era campeón del mundo con Uruguay ganando la final ante Brasil.

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