El centro Laura Dester Shelter tiene 38 chicos, pero en las semanas anteriores tenía 90, el doble de lo que está preparado para alojar. Se supone que es un intermedio entre el padre adicto y el padre recuperado, pero los niños se quedan durante semanas o a veces meses, para que se les haga menos pesada su situación, pues más que falta de cuidado padecen orfandad.
En una silla derruida, una voluntaria tiene en un brazo a un niño de cinco días l que le da la mamadera. Le fue quitado a su madre cuando nació.
Es el problema que creó la metanfetamina, dice The New York Times en su tapa, una escena cada día más familiar en el país, que deriva en un veloz aumento de los niños sin hogar posible. La misma velocidad con la que crecen los adictos a la metanfetamina, cuyos hijos hasta suelen encontrar en la casa pues la fabrican allí.
Oklahoma es el estado que el año pasado más vendió la droga clave para armar la metanfetamina, las llamadas "cold medicines". En ese estado, el número de niños sin hogares subió al 16% en un año. En Kentucky, los números son 12%, o 753 chicos con sólo siete nuevos hogares.
En Oregon, 5.515 niños ingresaron al sistema de salud en 2004, y las autoridades aseguran que la cifra sería la mitad de lo que es ahora si los problemas con la metanfetamina desaparecieran. En Tennessee, las autoridades cifran el número de chicos solos por la metanfetamina en 700, de los 400 que había en 2003.
Además, el número de los llamados "crack babies" fue superado. Fue el flagelo de los 90, cuando la metanfetamina era un fenómeno rural.
La naturaleza particularmente potente y destructiva de la metanfetamina y el modo en que comúnmente se fabrica en los hogares conspira contra el bienestar de los chicos como ninguna otra droga.
Se ha vuelto más difícil atraer y mantener padres sustitutos para los hijos de la metanfetamina, porque llegan con muchos problemas de conducta. Ni siquiera se meten a dormir en la cama que les ofrecen, pues están habituados a dormir en el piso, mientras que resisten duramente entrenamientos para pedir de ir al baño porque están habituados a usar pañales sucios.
"Solíamos pensar que si le dabas a estos chicos un buen hogar y mucho amor estarían bien", dijo Esther Rider-Salem, a cargo de los Servicios de Protección a la Niñez del estado de Oklahoma. "Pero esto va mucho más allá de lo que hemos visto".
A pesar de que la metanfetamina existió durante años, las autoridades dicen que los niños huérfanos que creó en los dos últimos años fue tremendo, entonces más niños con síntomas se ven y más ciudadanos denuncian el consumo de la metanfetamina.
En todos los Estados Unidos, según la DEA, 15.000 chicos fueron hallados en laboratorios donde fabricaban metanfetamina. Pero el número difícilmente entiende el problema, porque no incluye a aquellos cuyos padres usan esa droga sin fabricarla, lo que puede llegar a ser explosivo.
Un 40% de los niños asistidos en todo el país habían sido echados de su casa o huyeron. El porcentaje fue muy superior en las áreas rurales y la costa oeste, donde la droga se usa mucho más.
El 71% de los municipios de California, el 70% de los de Colorado y el 69% de los de Minnesota reportaron un aumento del número de chicos removidos de sus casas por el uso de metanfetamina.
El alcalde de Dakota del Norte, Wayne Stenehjem, exortó en un discurso a los que estaban en un auditorio. El problema ya existía. "La gente siempre se pregunta qué se puede hacer con la metanfetamina. Lo más importante que pueden hacer es convertirse en padres adoptivos, porque estarán justo asistiendo en lo peor: los chicos expulsados de sus casas".
Las autoridades también dicen que la metanfetamina hizo más difícil reunir a familias una vez que los chicos son separados.
Las leyes de los Estados Unidos dictan que los hijos de consumidores de crack, sobre todo los concebidos durante el consumo, sean dados en custodia a otros hogares, y los pueden adoptar pasados de 15 a 22 meses en ese hogar.
Se intentaba evitar que los chicos pasaran más del tiempo necesario en los hogares sustitutos, pero la rehabilitación de la metanfetamina lleva más tiempo que el que necesita un cocainómano, por ejemplo, y a los padres el reloj se les pasaba.
Uno de los encargados del "trámite" en Iowa dijo al New York Times que saben bien que la mayoría de esos hogares no se restituyen nunca más. La droga, que se puede fumar, ingerir o inyectar, es sintética, barata y fácil de hacer en laboratorios caseros con un poco de pseudoefdrina, ingrediente clave, y fertilizantes comunes, solvente o ácido de batería de autos.
Los materiales son no sólo peligrosos, sino altamente explosivos.
"Estos padres se creen científicos y montan esas cocinas en sus casas", cuenta una abogada del Departamento de Servicios Humanitarios de Oklahoma. "Están en el sillón, esperando que la droga se cocine, mientras los chicos están en el suelo mirando".
La droga también produce una tremenda y duradera ira, con intenso deseo sexual y, como resultado de la promiscuidad, los que usan la metanfetamina tienden siempre a tener más niños. Y ahora, cada vez más bebés llegan al sistema de padres sustitutos.
Los efectos en los recién nacidos cuando sus padres consumen metanfetamina fueron estudiados recientemente en Oklahoma, y los doctores hallaron que tienen serias dificultades en la lactancia y en el crear lazos afectivos con sus padres, que muchas veces los maltratan por su propia frustración.
El horror en casa
Pero el peor problema con el que tienen que trabajar los doctores no es que hayan nacido en medio del abuso de la droga sino que tengan que crecer entre la metanfetamina y sus problemas consecuentes.
Al estar altamente sexualizados, los adictos exponen todo el tiempo a los chicos a la pornografía o al abuso sexual, o bien deben los niños ver a sus madres prostituyéndose o teniendo sexo en frente de ellos.
Los efectos de la droga duran días o meses, y el golpe es tremendo, pues los paderes dejan a los chicos sin lavar, sin cambiar y sin alimentar durante días, mientras están en esa suerte de sueño profundo.
"El más grande se convierte en el padre, y eso que puede tener no más de 4 o 5 años", dicen los trabajadores sociales. "Los padres, sinceramente, no valen la pena. Si no están drogados, están dormidos por la droga, y si no duermen no comen, y no está en su régimen alimentar a los chicos", añaden.
Uno de los psicopedagogos tuvo que entrar a una casa donde un nene comía yeso rellenado con metanfetamina. Al más grande de los "comensales", de 6 años, le ofrecieron una hamburguesa en el Centro de Laura Dester, pero la rompió en partes y le dio un poco a cada hermano antes de comérsela.