Es uno de los mejores remedios para los peores males. El sexo deja a las personas relajadas, contentas con su cuerpo y con otra mirada ante la vida. Si se hiciera más el amor y mejor, seguramente las ciudades no serían el infierno que son. Apuros y malos humores inexistentes dejarían a las bocinas mudas en el tránsito porteño. Aquí, simples tareas que pueden cambiar el mundo.
1. Hacerlo más veces
Que no suene "loco" aumentar la frecuencia. Encontrar un momento exótico -tan exótico como la mañana o la siesta, si la hay- o sorprender con un abrazo a la pareja "fuera de hora" suscita encantos, sorpresa, una señal de que no se ha olvidado que el placer más gratis del mundo puede darse en todo momento.
No hay que ponerse mal si la respuesta a cuántas veces lo hace con su pareja a la semana y en qué momentos del día suena gris. Manos a la obra, hay que decir, y correr a aumentar no sólo la cantidad de veces sino a diversificar horarios. Es posible, aunque no se pueda mantener durante todos los meses de invierno. Las mujeres y hombres deben recuperar algo de su espíritu de soltería y sorprender con apetitos alocados. Frenarse por la edad o la rutina es un despropósito, sencillamente.
2. Tomar más la iniciativa
Las revistas femeninas lo repiten hasta el cansancio, pero quizás los hombres no lo oyeron tantas veces. Para un invierno caliente lo mejor es alternar las iniciativas, y el que no lo hace nunca que lo haga, y la que comienza siempre que lo evite, así se dejan espacios libres para el "despegue".
3 y 4. Cumplir alguno de los deseos y pedirlos
Algo que se haya imaginado muchas veces, algo que lo haría sentir muy bien, algo que querría recordar para siempre en su memoria sexual. Pues pídelo. Hombres o mujeres todos tienen una fantasía, y a no tener miedo: no va a tener que buscar tan lejos, ni pensar en orgías o zoofilia. A veces las ganas más lujuriosas son escenas simples pero provocativas, pequeñas pero archicalientes, y no está de más preguntar. Quizás es un roce en el cine, o detalles sexuales más íntimos como ciertos besos, ciertos toques y ciertos ritmos. No hace falta completar el Kama Sutra. Su pareja puede estar pensando quizás en una comida afrodisíaca o en algún ungüento corporal comestible. Basta de pensar en los enchastres: el lavarropas es mudo.
5. Variar el repertorio
Cuando hace un tiempo se está en pareja y se piensa que es lindo pero que tiene su coto, es el momento justo para recordar al Asia en estas lides. El Tao del sexo es un modo de tener relaciones sexuales mucho menos "expeditivo" pero considerablemente mucho más "sabroso".
Se trata de paladear al amante sin mirar la meta del orgasmo en primer lugar. Se trata de reparar en recovecos y de medir los impulsos sin por eso dejar de gozar ni un instante.
El único problema con el sexo tántrico es el tiempo de que dispone el habitante cosmopolita. Pero esa también es una falacia: el tao permite "calentar" la relación en breves lapsos y retomar luego (en otro momento del día, u otra noche) con esa intención. Los varones deben dejar de lado la tiranía del orgasmo y las chicas también. Ellas son más propensas a disfrutar las "previas", ellos no. Pero ambos pueden ponerse a aprender juntos. Suficiente para dotar al vínculo de temperaturas altísimas con poco despliegue. Ahora sí, si hay tiempo (una noche, un fin de semana, un día entero), el reino del tao puede volverse máximo placer. Hay quienes quedan como "volando" el resto de la semana. Máxima libertad, respeto e intimidad, eso pregona el sexo tántrico.
Se trata de erotizarlo todo: la ropa, los dedos, las manos, las piernas, la comida, el comer, el beber y todo, en fin, lo que se hace en el día a día, pero con una llama erótica encendida como una vela en la sala, para no olvidar la intención de goce.
6. Más orgasmos
Las parejas suelen establecer, al cabo de un tiempo compartido, un cuantum de orgasmos en ella y él determinados. Ella dos veces, él una. O ella tres, él dos, etcétera. Si bien el tantra marca que el orgasmo no es lo más importante, una buena meta para el invierno al menos es aumentar su cantidad. Buscarlos, esperarlos, darles el tiempo para que ellos y ellas lleguen al clímax. Sí, uno tras otro y cuanto lo permita el cuerpo.
A veces, la barrera de orgasmos puede pasarse, sepan las parejas. Una noche será bueno sorprender con una voracidad extra, ellos y ellas. No sean remilgosos ni para pedir ni para dar: la idea es que todos se queden más contentos. La pauta es: en vez de darse vuelta, traer dos copas y tener una despreocupada y breve, brevísima charla...
7. Poner un accesorio en la vida sexual
No piense el argentino medio en un consolador de tres metros por tres traído de Taiwán. Los juguetes sexuales son todo aquello que sirve de herramienta calenturienta, hablando mal y pronto. Van desde un aceite esencial con perfume hasta un pañuelo.
Lo difícil no es usarlos, sino asumir que se usan. El momento de atar la muñeca del caballero a la cama puede sonar risible para muchas mujeres, pero es cosa de probar paulatinamente: esta noche usted tiene un pañuelo o su ropa interior en su mano y en medio del acto lo sostiene sobre la vista del amante. Mañana, otra vez, pero ahora lo deja apoyado, y pasado le ata la vista como un verdugo a punto de morir en sus fauces apasionadas.
Es cosa de no asustarse pensando qué dirá la vecina que barre la vereda o el portero. Esto existe y la gente lo hace en su absolutísima intimidad, no tiene que dar cuentas a nadie de cómo provoca la pasión de su pareja. Y además, olvídese del ridículo supuesto de que estos utensilios del placer son artilugios para resucitar al muerto sexo con su pareja. Esa es una excusa, la misma que los hace estancarse en el placer. Anímense con detalles y verán. A veces todo comienza con una vela perfumada en la mesa de luz.
8. Viajes sexuales
Piense en un corto road movie. En un show en cuatro ruedas. Salir a la ruta y ver dónde se puede estacionar para hacer el amor. Si hay tiempo y dinero, la escapada. Colonia invita, nubosa, antigua e íntima. Brasil también despierta el morbo de una playa y el vaso de caipirinha conpajita y adornito. Pero estancias bonaerenses, los bosques en las sierras cordobesas, ruta de vinos en Mendoza son tan efectivos para el amor como un picnic en la costa del río o un enorme hotel alojamiento en Gaona o Panamericana. Para los más sutiles, un motel barato y raído y una botella de vino pueden más que mil Pamelas Anderson o Beckhams.
Sin teléfono, sin chicos, sin apuro, o con teléfonos encendidos, a la vuelta de los niños y en un lapso mínimo de tiempo. Los gestos eróticos, cuando prohibidos y apurados, mejor.
9. Atreverse a alguna locura
Tener pareja estable no quiere decir volverse aburrido e hiperresponsable. No se trata de robar un banco, de hacerlo delante de otro o de buscar otra pareja sexual. A veces sólo se trata de pedirle que pare el coche, de atacarlo a besos en el estacionamiento o de hacerle señas para que se levante y vaya al baño del bar.
Sólo hace falta una cosa para animarse: tener conciencia del apetito. Sordos del propio hambre sexual, abstenerse es el consejo, aunque siquiera podrán registrar de qué les están hablando.
10. Pensar en sexo
Es parte del todo. Imaginar, esperar, sentirse son primordiales tareas, si se quiere pasar cálidamente el invierno. Quien desea mucho algo, dice el dicho, lo consigue, de modo que se da la bienvenida a películas románticas o eróticas, a maquillarse y comprarse linda ropa las mujeres, y a perfumarse y emprolijarse los varones.
Pensar en ustedes haciendo el amor trae buenos recuerdos, de ayer, de hoy y de siempre, que se pueden revivir. El resto, viene solo.
11. Superar el cansancio
La más difícil de las metas por cumplir, pero casi la más importante para algunos. Es cierto que el estrés, las responsabilidades, la falta de sueño y el cansancio son los peores enemigos del sexo. Lo bueno es que también pueden convertirse en la mejor excusa para hacerlo. Se combaten con vitaminas, buen sueño y buena alimentación, pero cuando sea imposible debe recurrirse a los aceites relajantes, la música y los masajes. Entonces, comenzar el momento sexual con ese pedido es diferente que comenzarlo con "estoy cansada", frase a la que habrá que agregarle un transformador "¿me pasás esto en la espalda un poco?".
La satinada textura del aceite y su perfume particular (eucaliptus, lavanda, fresias, nardo o patchuli son lo mejor, pero cualquier aroma que les guste sirve) en la piel del otro despiertan a cualquier hombre o mujer gris de la oficina. Además, es un placer también para el que masajea: la propia mano al untar al otro -aunque no sea más que para calmar un malestar- ya enciende. Es bien básico: dos seres humanos se hacen bien. El sexo entre ellos no tardará en aparecer.
12. Sentirse lindo
Se ríen algunas amas de casa, pero porque todavía no han pasado por el espejo con conciencia. Acomodar un poco el pelo y las uñas es un comienzo de maravillas. Sentirse un poco más a gusto consigo es el abecé de la buena cama. No hace falta hacerse estética, basta con buena ropa y un poco más de cuidado personal.
No son pocas las tareas, de las que se pueden elegir todas, algunas, o sólo una. Combinadas, pueden operar hasta lograr un invierno en el que el trabajo, la inflación, los chicos y las cuentas por pagar no cierren las persianas de los ojos, y las chispas del amor no queden veladas en el frío de obligaciones que sobreviene durante algunos meses por estos lares. En este punto conviene recordar el famoso dicho: "A quererse, que se acaba el mundo".