Sin necesidad de arriesgadas hipótesis contrafácticas, una afirmación resulta inequívoca: el voleibol argentino hubiera sido otro -menos exitoso y popular, más improvisado- de no haber sido transformado hace tres décadas por Young Wan Sohn, un coreano que, ahora, a los 69 años, reclamó "mejor organización" en una fugaz visita al país.
Sohn gestó, en el ocaso de la dictadura militar, un suceso deportivo y social -el bronce en el mundial de 1982- que cambió el voleibol argentino para siempre. El entonces entrenador coreano, en una entrevista concedida a Télam, rememoró su historia y analizó el presente y futuro del deporte.
"Argentina puede mejorar el sexto puesto obtenido en el mundial", aseguró enseguida, aunque señaló un pedregoso derrotero para ese objetivo que exige "mejor organización y proyectos" en un deporte que apenas ensaya una salida a una violenta batalla institucional.
Un español precario, reñido con la gramática, fue la herramienta que Sohn utilizó hace treinta años para convencer a Daniel Castellani, Hugo Conte, Waldo Kantor, Esteban Martínez, Raúl Quiroga y compañía -entonces pibes, hoy glorias del voleibol nacional- de someterse a una rigurosa disciplina de trabajo para moldear el talento y la técnica.
"Siempre les digo: Che, primero tener que trabajar duro para ser mejores. Piolas quedarse fuera del equipo. El triunfo es fruto del trabajo y eso no es filosofía oriental", decía Sohn a aquella generación que ganó el bronce en el Mundial ྎ y, años más tarde -ya sin el coreano- el bronce olímpico en Seúl ྔ.
Sonh se reencontró en estos días en la Argentina con aquellos jugadores que, dice, "hoy tienen mucha experiencia y han aprendido mucho". Conte, que jugó el Mundial ྎ a los 19, hoy tiene 42 y todavía juega y luce en Monteros, que disputa la final de la Liga Nacional. Castellani ("Mi mejor alumno", observa el coreano), fue director técnico del seleccionado argentino y ahora dirige a Bolívar; Kantor y Carlos Getzelevich son entrenadores; todos reconocen las enseñanzas de Sohn. Sohn llegó a la Argentina por primera vez en 1975, producto de un acuerdo institucional entre Argentina y Corea.
Su mujer Ae-cha y su hijo Jeong Wook (luego tuvo un hijo argentino, Alejandro), llegaron seis meses después cuando el técnico ya tenía una clara idea de las condiciones habituales voleibol argentino: en ese tiempo nunca le habían pagado el salario.
"Cuando llegué a Argentina encontré un nivel bajo. No tenían técnica de juego, no sabían que era táctica a nivel mundial. Todos los clubes jugaban diferente", recuerda Sohn, que cambió aquella realidad con fórmulas tácticas modernas, giras infinitas por países asiáticos que derivaban en palizas deportivas y mucho entrenamiento.
"Hoy el voleibol argentino está en un momento muy bueno, pero no a la altura de los grandes del mundo", asegura. "Por física y por cultura el jugador argentino es mejor que el de otra parte de Sudamérica. Puede crecer más y acercarse a Brasil (campeón mundial y olímpico)", afirmó.
"Falta organizar mejor las federaciones", apuntó. Argentina volvió el año pasado a la competencia internacional luego de dos años de aislamiento a raíz de un enfrentamiento político que aún muestra secuelas.
Mejor jugador asiático en 1958, deportista del año en 1963, director técnico de Corea en 1973, Sohn ofreció sus servicios a la Argentina en dos períodos (1975-1983 y 1990-1994), en los que mantuvo un desgantante vínculo con la dirigencia.
En la primera época moldeó a la mejor generación de la historia; en la segunda, puso en ojo en un pibe que luego también haría su historia, Marcos Milinkovic. Su influencia, sin embargo, fue tan decisiva que luego de su desvinculación en el ྏ la extinta onferderación Argentina quiso repetir la experiena y contrató a otro extranjero, el chino Li Ce Da, que sin hablar español y sin contar con un traductor, cumplió un triste papel decorativo.
Sohn, a los 69, dice ya que no puede entrenar. Se dedica a asesorar a la Federación Coreana 0 a empresas que invierten en el voleibol. Los jugadores de la generación del ྎ recuerdan el rigor y la disciplina que imponía el coreano. Citan aquella anécdota del cuarto set contra Alemania Democrática, en el Mundial, con un marcador 11-14 abajo y la eliminación a punto de consumarse. "Ustedes ganar partido y esta noche en concentración whisky y señoritas", prometió Sohn. Argentina experimentó una notable reacción y ganó el parcial por 16-14 y después el partido (3-2).
Una vez en el hotel, los jugadores reclamaron el premio. Sohn remató: "Ahora no whisky y señoritas. Primero gana medalla. ¿Qué va a mostrar a hijos y nietos? ¿Va a decir que ganó alemanes? Gana medalla primero". Y así fue.