Curar el dolor, si no existe cura

Ramón vive postrado desde hace treinta años, cuadripléjico. Sólo se conecta al exterior por una ventana, a través de la cual ve el mar. Busca la muerte, porque siente que perdió su dignidad

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La historia está reflejada en Mar adentro, la película que consagró al actor Joaquín Bardem en el papel del cuadripléjico, aquejado por el dolor constante. Los planteos éticos, filosóficos, morales y médicos se diluyen ante la evidencia del deterioro físico, el sufrimiento, la agonía y la indignidad que trae aparejado el dolor.

A ello apunta la ?medicina del dolor?, un área multidisciplinaria en donde confluyen traumatólogos, anestesiólogos, neurocirujanos, psicólogos, psiquiatras, especialistas en rehabilitación y neurólogos. Se trata de que el paciente, si no puede curar su mal, al menos pueda mitigarlo.

?Nuestro éxito consiste en lograr que el paciente sobrelleve su enfermedad en forma digna y sin sufrimiento?, explica Fabián Piedimonte, neurocirujano de la Corporación Médica de San Martín y profesor de anatomía de la Facultad de Medicina de la UBA.

El método consiste en un abordaje ?múltiple?, desde el lado clínico, psicológico e intervencionista. Éste acorta los períodos de dolor hasta terminar con él. A veces, los resultados se logran con medicamentos. Otras, es necesario recurrir a intervenciones mínimamente ?invasivas? que tienen como fin reducir la inflamación de las raíces nerviosas o infiltrar estructuras articulares que generan dolor.

Más llanamente, significa que se ?anulan? los canales donde se activa el dolor. También es posible colocar sistemas de estimulación medular ?electrodos? que impiden que las fibras que transmiten el dolor alcancen la corteza cerebral y se conviertan en ?sensaciones?.

El dolor no es una consecuencia ni un ?efecto? de una dolencia determinada. Es un síntoma. Como todos los síntomas, es necesario diagnosticarlo, tratarlo y ?en la medida de lo posible? curarlo. ?Existen enfermos terminales que saben el desenlace de su mal. Si ya nada puede hacer la medicina por él, debemos, al menos, evitar que muera con dolor?, explica Piedimonte.

Según aseguran los especialistas, ?la enfermedad se asume, pero el padecimiento no?. ?Es imposible llevar una vida ?normal? si una parte del cuerpo sufre?. A la mayoría de los enfermos oncológicos en estado terminal, que reconocen cuál es su destino próximo, no les importa vivir cinco días más o menos, grafican. Al contrario, "prefieren vivir menos si deben persistir con su dolor".

Consuelo

El tratamiento no sólo apunta a casos terminales. Existen cuadros clínicos o enfermedades donde impera lo que llama ?dolor central?. Es cuando el sistema nervioso, o una parte del cerebro o de la médula se lesiona y origina lo que se llama ?dolor central o neuropático?. Es tan lacerante que muchos pacientes se suicidan.

?Este dolor es muy difícil de tratar. Un ejemplo típico es la ?neuralgia del trigémino?. Son pacientes que no pueden hablar, no pueden comer, que quedan recluidos y postrados?. Lo mismo ocurre con pacientes que sufren de lumbalgia o dolor de espalda, o con procesos degenerativos en la columna, artrosis, operados de hernia de disco, etcétera.

?En estos casos, donde la causa es imposible de detectar, buscamos quitar el síntoma. Es decir: suprimir el dolor?, explican.

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