Filipinas recuerda al pie de la letra la Pasión

Catorce fueron crucificados ayer en San Pedro de Cutud. Uno de ellos lo hace desde hace 19 años, cuando sobrevivió a una caída al vacío

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Sobre un montículo de una polvorienta explanada, catorce hombres fueron crucificados ayer en este pueblo filipino al norte de Manila, entre ellos el veterano Ruben Enaje, pintor y admirador del Che Guevara, que asume esta penitencia desde hace 19 años.
 
En esa fecha salvó su vida milagrosamente tras caer desde un tercer piso, y desde entonces, cada Viernes Santo, participa en la representación de la Pasión de Cristo que dio fama a San Pedro de Cutud porque en ella las crucifixiones son reales.
 
La veteranía de Enaje le ha llevado a representar en los últimos cinco años el personaje protagonista, el de Jesús, o el "kristo" principal, como se conoce a los penitentes que se someten a la crucifixión.
 
En el salón de su modesta casa repleta de imágenes religiosas, vestido con una camiseta del Che Guevara, su ídolo "porque defendía a los pobres", Enaje, de 44 años, delgado, pelo largo y aire melancólico, dice a EFE que crucificarse "es la única forma que tengo de dar gracias a Dios por haber salvado mi vida".
 
Aseguró que lo seguirá haciendo todos los años "mientras pueda" y muestra los clavos que tiene preparados en un frasco con alcohol.
 
"Las heridas tardan en curarse tres días", afirma, mientras enseña sus finas y bien cuidadas manos. El día de la crucifixión, apenas come, sólo bebe agua, y antes de que vengan a buscarlo a casa los centuriones, todavía tiene tiempo de decorar varias camisetas con la imagen de Jesús y la leyenda Vía Crucis, Ritos de Cuaresma de Cutud, que regala a niños y mayores.
 
Fuera espera la gran cruz de madera que él mismo construyó, pues también es carpintero. En otra casa cercana, su amigo Romeo Diamse, carpintero, será el encargado de clavarlo a él y a los otros 13 en las cruces.
 
"Hace diez años que lo hago", dice, y afirma que los clava de un solo golpe de martillo. Hacia las once de la mañana, varios vecinos vestidos de centuriones acuden a buscar a Ruben, a quien su mujer ha ayudado a vestirse con una inmaculada túnica blanca y una cinta morada, el pelo suelto y lacio y una incipiente barba.
 
Atado con una cuerda, es conducido por los polvorientos caminos del pueblo ante la presencia de Poncio Pilatos, acompañado por multitud de personas y con los flagelantes salpicando sangre a todos los espectadores mientras se golpean rítmicamente las espaldas.
 
El "vía crucis" de 2 kilómetros hasta el "Gólgota" es un recorrido por el polvo y el calor, la sangre y las varias caídas de Ruben-Jesús con la cruz. En lo alto de la explanada desnuda de árboles, ante miles de personas, Enaje y dos de los voluntarios son los primeros en ser crucificados, de un certero golpe de martillo. La túnica fue quitada, y sólo un taparrabos y la corona de espinas lo cubren.
 
La operación se repite otras cuatro veces -pues sólo hay tres cruces- después de mantenerlos unos cinco minutos en la cruz. En los bordes de la explanada, la gente se refresca y toma fuerzas con bebidas y platos típicos, fruta y helados en multitud de tenderetes montados para la ocasión.
 
Los flagelantes, encapuchados y con tocados de flores u hojas en sus cabezas, prosiguen su monótono golpear con las espaldas totalmente empapadas en sangre, que alcanza a todos los que están alrededor.
 
Terminada la representación, Ruben, con manos y pies vendados, aguanta estoicamente a los turistas y visitantes que quieren hablar o fotografiarse con él, y que cada año acuden masivamente a este pueblo situado a 70 kilómetros de Manila.
 
Las crucifixiones de San Pedro de Cutud son sólo una de las numerosas manifestaciones de religiosidad y tradición que proliferan por todo el archipiélago filipino durante la Semana Santa.
 
Con una población mayoritariamente católica y practicante, la influyente Iglesia Católica de Filipinas no anima a participar en espectáculos extremos como estos, pero tampoco los condena.