Un estudio publicado en el año 2002 en la revista científica Archives of Dermatology, ya había advertido que durante los últimos 10 años diferentes estudios realizados en la República Checa, Reino Unido, Francia e Israel habían observado un incremento de la resistencia del piojo a la permetrina, el ingrediente activo más utilizado en los productos pediculicidas.
Los datos más recientes señalan que los piojos que tienen los chicos de Capital y conurbano son entre 154 y 655 veces más resistentes a la permetrina y a otros piretroides que cuando comenzaron a utilizarse por primera vez en el país, 13 años atrás.
Un error frecuente que incrementa la resistencia de los piojos es aumentar las dosis de un producto o realizar con mayor frecuencia el tratamiento cuando no se obtienen resultados. Si se continúa utilizando un mismo insecticida que no es efectivo, los piojos que sobreviven se multiplican y van siendo cada vez más resistentes a ese producto. Cuando el insecticida no es efectivo hay que dejar de usarlo.
La resistencia es un reflejo de las poblaciones que experimentan selección natural para generar la supervivencia del más apto: a medida que los piojos se van acostumbrando a determinado insecticida, son eliminados sólo los más débiles mientras sobreviven los más resistentes. Esta resistencia es hereditaria, por lo que con el tiempo se va produciendo una selección natural y toda la población de piojos es resistente a determinado agente.