El ?Punto G? masculino: placer que exige ?mentes abiertas?

Ya era conocido que las mujeres poseían esta zona sensible. Ahora, es el turno de los hombres

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Las zonas sensibles masculinas son, según los sexólogos, los hombros, las palmas de las manos, la espalda, la parte posterior de las rodillas y la cola, además del área genital.

De todas maneras, según los propios sexólogos, la zona ?que algunos definen como el ?Punto G? masculino- más erógena para los hombres ha sido mantenida cuidadosamente oculta por ?prejuicios machistas?.

Ocurre que el punto más débil de los machos de la especie humana se encuentra situado...en la glándula prostática, a la que sólo se accede hurgando en las profundidades posteriores. Es así que la mayoría de los hombres ?los que no tienen la ?mente abierta? que reclaman las mujeres de hoy- se niegan a llegar a las cumbres orgásmicas que prometen los sabios del sexo.

Éstos proponen que el hombre se coloque de espaldas y flexione las rodillas hasta alcanzar el pecho. En esa comprometida posición, la mujer deberá ?con sumo cuidado, mucho amor y respeto? introducir ?previa lubricación- su dedo unos cinco centímetros en el ano del hombre y presionar hacia adentro.

En ese preciso lugar existe ?siempre según los entendidos- un pequeño bulto que significa el arribo a la felicidad.

Los que lo probaron están decididos a repetir una y otra vez la experiencia, aseguran los sexólogos. Pero, dicen los mismos, a los reacios no hay quien los convenza.

Cómo tratar ese lugar tan sensible

Una vez encontrado el centro del placer, es importante no arruinar ese momento de sublime placer, pues hacerlo de manera inapropiada puede hacer que el hombre no desee repetirlo y de lo que aquí se trata es de gozar de la vida.

Se recomienda que, una vez que el hombre alcanza su posición más cómoda, con las rodillas contra el pecho, la mujer ?o el otro hombre- introduzca su dedo hasta alcanzar el bulto mencionado y luego debe masajear suavemente hasta que llegue el clímax.

Los entendidos aseguran que las sensaciones se asemejan a los orgasmos múltiples de las mujeres. De todos modos, aún es prematuro afirmar que grandes legiones de integrantes del sexo masculino se volcarán a esta práctica que, a pesar de los prejuicios, crece día a día.

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