La jugada de SanCor en favor de entregar su marca como garantía de pago a sus acreedores es más que osada, a juzgar por los riesgos que podría implicar en caso de incumplimiento en los pagos.
Consciente de esto, el empresario Alfredo Coto se resiste a prendar su marca para reestructurar su deuda de $175 millones. Y con ello, dilata al máximo los plazos del acuerdo, ya que un grupo de acreedores insiste en obtener este activos a modo de garantía.
Es que el fantasma del caso Freddo y Fargo está latente. Y en menos medida, el de Havanna.
Freddo y Fargo, cuando estaban en manos de Exxel Group, habían prendado sus marcas a pedido de los bancos acreedores. Y por incumplimientos de pago el grupo en el que operaba Juan Navarro perdió esos activos estratégicos.
El caso Havanna fue diferente, ya que lo que habían entregado como garantía fue las acciones de la compañía.
Fargo, antes del ingreso del fondo mexicano propietario de Bimbo, tenía que reestructurar una deuda financiera de u$s120 millones. Por incumplimientos reiterados en los pagos, ABN-AMRO procedió al secuestro de los títulos o certificados de propiedad de marcas de Fargo y de sus subsidiarias Capital Foods y Panificación Argentina por un monto que alcanzó los u$s30 M, y la maquinaria de la sociedad y de Panificación Argentina, que en este caso rondaba u$s18 millones.
Lo mismo sucedió en el caso de Freddo, marca que quedó en manos del Banco Galicia por incumplimiento de pagos del Exxel Group. Luego la banca se la vendió a al fondo inversor Pegasus.
En el caso Havanna, lo que se puso como garantía fueron las acciones de la empresa, no la marca. No obstante, el desenlace fue idéntico.
Cuando el Exxel Group vendió el paquete accionario al fondo Desarrollo y Gestión (D&G), comandado por los ex Citibank Guillermo Stanley y Carlos Giovanelli, junto al ex jefe de Gabinete Chrystian Colombo, tuvieron que pedir dos autorizaciones: la del juez que intervenía en el concurso de Havanna, y la de los bancos acreedores de un pasivo de u$s35 millones.
Se sabe que los abogados de empresas endeudadas hacen dos recomendaciones clave a sus clientes: la primera de ellas es que no entreguen como garantía bienes personales, y la segunda, que se abstengan de poner la marca como prenda.
Quienes corren el riesgo de prendar sus marcas obtienen más oxígeno en plazos y tasas de interés a la hora de reestructurar sus deudas financieras.
Es que en todos los casos, el valor de las compañías radica en la marca, ya que el resto de los activos (maquinarias, plantas) no valen nada si la empresa no está en funcionamiento.
No obstante, las entidades financieras presionan para que las empresas acepten prendar sus marcas a cambio de mayores plazos de pagos o intereses más razonables.
Esta insistencia se justifica en el hecho de que el resto de los activos de las empresas tiene poco valor real si no están en pleno funcionamiento. No sirve de nada prendar una planta secadora de leche en polvo o locales de una cadena de supermercados, porque a diferencia de las marcas, su valor de venta no es estratégico.