Carlos Indio Solari, voz cantante e imagen de Los Redonditos de Ricota, concretaría en aproximadamente un mes su lanzamiento discográfico como solista con una banda denominada Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
El grupo que Solari presentó al sitio electrónico de la edición local del mensuario Rolling Stone está integrado por Julio Sáez, Baltazar Comotto y Eduardo Herrera (guitarras), Marcelo Torres (bajo) y Hernán Aramberri (batería).
Del registro del disco con 14 temas que se titularía "El tesoro de los inocentes (bingo fuel)", también tomaron parte, en calidad de invitados, Alejo Van Der Pahlen (saxos alto, tenor y barítono), Ervin Stutz (trompeta, flugelhorn y trombón) y Deborah Dixon (voces).
La participación del Indio, responsable de "letra, música, arte de tapa, arreglos, producción y ruidos molestos", aparece en los créditos del cd cumpliendo el rol de "artista invitado".
Aunque al material aún le falta la masterización de un par de canciones, la salida del cd (la agencia Télam averiguó que comenzó a registrarse en marzo de 2003) se concretaría en los primeros días de noviembre y la puesta en directo de esas canciones se produciría recién en 2005.
El lanzamiento de esta placa, más la incipiente carrera solista del guitarrista Skay Beilinson (en 2002 editó "A través del Mar de los Sargazos" y prepara un próximo nuevo disco), profundiza la sensación de que el fenómeno ricotero ya es parte del pasado.
A esa sensación se suman, además, la edición de "Estrellados" (del saxofonista de aquel combo, Sergio Dawi) y la dedicación casi exclusiva a las artes plásticas del bajista Semilla Bucciarelli, otro puntal de aquella estética.
El grupo formado en La Plata en 1976 publicó los álbumes "Gulp!" (1985), "Oktubre" (1986), "Un baión para el ojo idiota" (1988), "¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado" (1989), "La mosca y la sopa" (1991), "En directo" (1992), "Lobo suelto-Cordero atado" (1993), "Luzbelito" (1996), "Ultimo bondi a Finisterre" (1998) y "Momo sampler" (2000), desde los que construyó un discurso musical y poético de alto vuelo que fanatizó a multitudes.
Desde un lenguaje hermético, rabioso y de sugerente belleza, la banda instaló la idea de que era posible ser independiente y masivo en la escena musical, aunque las citas con sus fieles (sobre todo a partir del asesinato de Walter Bulacio a manos de la policía durante un recital en Obras) fueron tornándose cada vez más espaciadas y dificultosas.