El principal implicado en el caso Demonty negó los cargos

El policía Gastón Somohano, sindicado por sus colegas como el responsable del operativo en el que el joven fue obligado a arrojarse al Riachuelo, negó las acusaciones

El subinspector de la Policía Federal Gastón Somohano, procesado por el crimen de Ezequiel Demonty y acusado por dos de sus compañeros de causa -también policías- de ser el principal responsable del hecho, negó los cargos en su contra y dijo que el verdadero asesino es un hombre que está detenido en la cárcel de Villa Devoto por otro delito.

Al declarar ante el Tribunal Oral Criminal 8 como imputado del crimen de Demonty, quien murió ahogado al ser obligado a arrojarse a las aguas del Riachuelo en septiembre de 2002, Somohano, hijo de un ex jefe de la policía bonaerense, aseguró haberse enterado en prisión de quién es el verdadero asesino del adolescente.

El policía, quien al momento del hecho se desempeñaba en la seccional 34, dijo que no tuvo que ver con la muerte del muchacho de 19 años, aunque admitió haber estado en el lugar cuando éste y otros dos chicos fueron detenidos.

Su versión ante los jueces fue que el 14 de septiembre de 2002, cuando estaba a cargo del servicio de calle de la seccional, fue alertado por el Comando Radioeléctrico (101) del robo de un taxi en el cruce de las avenidas Cruz y Centenera de esta capital.

Somohano relató que al llegar a ese lugar, a unos 100 metros, en el pasaje La Constancia, había tres menores que ya habían sido reducidos por otros efectivos policiales, por lo que en ese momento creyó que eran los sospechosos del robo del taxi.

El efectivo dijo que por orden del oficial inspector Gabriel Barrionuevo interrogó a uno de los tres jóvenes, quien le dijo que no había participado de ningún robo aunque le comentó que sabía que el taxi robado estaba en el Riachuelo.

Por tal motivo, añadió, los tres detenidos -Demonty, Julio Ismael Paz y Claudio Maciel- fueron llevados hasta la costa por los policías que buscaban el auto, según la versión del imputado.

Somohano aseguró que en el lugar no se encontró nada, motivo por el cual dejó ir a los jóvenes y regresó a la seccional.

El acusado negó así cualquier responsabilidad en la muerte de Demonty, a pesar de que en la primera audiencia del juicio que se sigue a nueve policías, dos de sus compañeros lo involucraron en el hecho.

No sólo rechazó los cargos en su contra, sino que el policía aseguró a los jueces del TOC 8 saber quién mató en realidad a Demonty.

Somohano aseguró que durante su arresto en el penal de Villa Devoto -hace dos años-, otro detenido, al que identificó como el suboficial del ejército Maximiliano Robledo, le aseguró que un preso de nacionalidad peruana llamado Antony Gamarra se jactaba de haber sido quien cometió el asesinato de Demonty.

Al comenzar su declaración en el marco del juicio que se realiza en la Sala de Audiencias de la Planta Baja del Palacio de Justicia, Somohano criticó además a las autoridades de la seccional 34 por tener al personal subalterno "anarquizado" al momento en el que él ingresó a trabajar en diciembre de 2001.

Somohano es sometido a juicio junto al oficial Barrionuevo y otros siete policías, los sargentos Luis Antonio Gutiérrez y José Luis Martínez, el cabo primero Luis Emilio Funes, el cabo Sandro Esteban Granado y los agentes Jorge Ramón Solís, Maximiliano Gastón Pata y Alfredo Ricardo Fornasari.
Derecho a preguntar
La madre del joven Ezequiel Demonty, enfrentó hoy a los policías acusados por el crimen y les preguntó "qué les causó" haber provocado en la muerte de su hijo y si se "divirtieron mucho".

Con la voz entrecortada por el llanto contenido, Dolores Sigampa se paró frente a los nueve acusados por el homicidio de su hijo y mirándolos a los ojos inquirió: "¨qué les causó? ¨se divirtieron mucho?".

La mujer había concluido su declaración como testigo ante el Tribunal Oral en lo criminal número 8 cuando consultó al presidente del cuerpo, Rodolfo Madariaga, si ella tenía también "derecho a preguntar".

Ante la respuesta afirmativa del juez, la mujer se puso de pie y miró a los ojos a cada uno de los nueve policías detenidos presentes en el lugar.

Con un tono desafiante pero con lágrimas de dolor en sus ojos, Sigampa intentó obtener las explicaciones que nadie le dio.

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