Una de cal y otra de arena. De la misma forma que se estudian las características del buen jefe, también hay definiciones para los malos. Lo que sigue es una lista de cómo se agrupan estos últimos.
EL JEFE SERPIENTE
Es catalogado como uno de los peores porque es un hipócrita que te sonríe y alaba en tu cara pero habla mal de tu trabajo a tus espaldas. Es también uno de los más comunes.
Siempre procura quedar bien contigo y, de manera casi confidente, culpa a otros de tus colegas de las fallas del equipo. Sin embargo, no pierde la menor oportunidad para hundirte frente a jefes de mayor rango.
Se arrastra sigiloso y sonriente por los pasillos de la oficina, pero apenas te descuidas, te clava despacio en el talón sus afilados dientes y deja que el veneno corra lentamente por tu sangre.
EL JEFE GRITÓN
Este tipo de jefe que es como un "fósforo". El primer error o la primera contrariedad estalla de ira total. Grita, amenaza, "escupe fuego cuando habla", la espuma se le acumula en la comisura de los labios, sus ojos lucen desorbitados e inyectados con sangre.
Los jefes bravucones generalmente reflexionan después de su ataque de ira y tratan de abordar el problema de manera menos apasionada. Pero ya es un poco tarde para eso porque horas antes ha trapeado el piso con sus empleados.
EL JEFE MALINTENCIONADO
Peores que los gritos y la hipocresía, es esa táctica utilizada por algunos jefes malintencionados de destruir la confianza y el profesionalismo de sus empleados con insinuaciones, ironías e insultos diarios sobre el trabajo y la personalidad de sus trabajadores.
Por lo general, es toda una estrategia defensiva para ocultar sus propias debilidades e inseguridades frente a la labor que realizan. El liderazgo de estos jefes es débil al principio, pero a base de comentarios insidiosos van construyéndose un piso en apariencia firme, mientras que los cimientos de sus empleados van desmoronándose.
El jefe insidioso se muestra siempre de buen humor y accesible, pero con el tiempo se transforma en una pesadilla.
EL JEFE CONTROLADOR
Frío como una heladera, este tipo de jefe es un rey a la hora de controlar cada detalle en la oficina y de "maquinar torturas". Se inventa informes y largos procedimientos que avivan la burocracia y hacen menos eficiente el trabajo diario.
Quiere estar enterado de todo, liderar cada aspecto, imponer su percepción y acallar otras voces. No confía en las capacidades de quienes lo rodean. Respira en tu nuca cada vez que tienes que entregar un proyecto.
Toma crédito por todo el trabajo de sus subalternos frente a jefes de más alta jerarquía. Es un especialista en el juego de favorecer a malos empleados y de cortar las cabezas de aquellos que son efectivos y realizan un buen trabajo.