Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea e inspirador fundacional de la Unión Europea fue durante cuarenta años militante del Partido Socialista Francés (fue también ministro de Hacienda de su país).
Famoso en Europa por sus posiciones económicas ortodoxamente conservadoras, fue interrogado cierta vez sobre la supervivencia de su militancia izquierdista. Su respuesta fue antológica: ?Las cosas están a la derecha; las ideas a la izquierda?.
Su definición coincide con el sentido del tránsito, ?se circula por la derecha, se pasa por la izquierda?.
En la izquierda estuvieron George Washington (aunque fuera esclavista), Abraham Lincoln (aunque fuera republicano), Benito Mussolini (aunque fuera fascista) y Josif Stalin (aunque fuera un asesino totalitario).
Los grandes cambios (normalmente llamados revoluciones) que abatieron regímenes, guillotinaron reyes, independizaron colonias y destruyeron imperios, se hicieron invocando al pueblo y sus derechos y clamando por justicia frente a la opresión y la dictadura.
En América gobiernan por izquierda Fidel Castro, Hugo Chávez, Inacio Lula da Silva, Néstor Kirchner y Ricardo Lagos. Si ganan las próximas elecciones, John Kerry y Tabaré Vázquez se sumarán al grupo.
¿Existe un hilo conductor que identifique a estos hombres tan distantes los unos de los otros? La respuesta es sí: la posición relativa de las fuerzas que se les oponen.
La década del 90 colocó al mercado y la competencia a la cabeza de la dinámica histórica. Así se expandieron la producción, la tecnología y el comercio, y se excluyeron a millones de seres humanos de toda participación en un mercado que autodestruyó sus recursos en una orgía de excesos y corruptelas.
La reacción no podía tardar en llegar, y los vientos de la historia giraron en el mundo (no sólo en la Argentina) con una música que suena mucho a los setenta.
Así puede verse por las campañas televisivas a un joven John Kerry de pelo largo arrojando al suelo las condecoraciones obtenidas en Vietnam, a los militantes de ?la Tendencia Revolucionaria? marchando por las calles de La Plata (Néstor y Cristina), a Zapatero con pancartas contra la OTAN y a los hijos de Indira Gandhi y Sukarno ganando elecciones en India e Indonesia.
¿Es que acaso nos gobierna la nostalgia? La respuesta es no.
Aunque según esta lógica, Chávez y Lula parecen estar en el mismo lado del espectro ideológico, la verdad es que están en las antípodas. Uno expresa el más primario populismo autoritario y demagógico que se beneficia de la reactivada renta petrolera y del fracaso de los partidos tradicionales venezolanos.
Lula, en cambio, hace de su imperativo social y ético el mejor estímulo al diálogo, la persuasión, la conducción democrática al servicio del fortalecimiento institucional y la administración económica austera y eficiente.
Así ha logrado evitar el default, hacer caer drásticamente el riesgo país, lograr un crecimiento que se proyecta creciente hacia el futuro y, finalmente, aumentar su popularidad sin caer en la tentación de la adulación fácil ni el gesto efectista.
En Brasil, el federalismo es real y no declarativo; el IVA lo recaudan los estados provinciales y la Ley de Responsabilidad fiscal castiga con severas penas a los gobernadores y prefeitos que la violan (a diferencia de la Argentina que no estipula tales castigos). El gobierno es una coalición de cinco partidos liderados por el PT, que sólo tiene 3 gobernadores (sobre 27) y minoría en ambas Cámaras (14 sobre 54 senadores y 96 sobre 500 diputados).
El presidente Lula hace un culto de la autocrítica y la humildad, y ha confesado públicamente que fue una suerte para el Brasil que no ganara la presidencia en sus tres intentos anteriores, dado que él no estaba maduro para asumir esa responsabilidad. Ha diferenciado tajantemente la izquierda del ?izquierdismo? al que caracterizó como una enfermedad. Se ha constituido en el más serio interlocutor de los Estados Unidos, la Unión Europea y China, y lidera el ?Grupo de los 20? desde una pujante alianza con India y Sudáfrica.
Numerosos líderes y partidos de izquierda accederán al poder en los próximos dos años.
La opción por la izquierda puede ser racional y constructiva. O irracional y retrógrada.
El gran dilema que enfrentamos los argentinos es la ?anomia ideológica? y su vaciamiento moral que nos hace ?parecernos? por la incapacidad de ?ser? después de un largo proceso de parálisis que ha afectado al Estado y a los partidos políticos como expresión de una dirigencia que se irresponsabilizó de la cosa pública hace varias décadas.
La opción que no sirve es la caricatura de izquierda, por ser simétrica a la caricatura de derecha que protagonizamos hace poco tiempo. Nadie sabe esto mejor que los que aplauden en el palco al presidente Kirchner cuando despotrica contra el pasado reciente: son los mismos que estaban en el palco anterior.
Si queremos imitar a Lula, hagámoslo bien y reconozcamos con vergüenza nuestros errores para no repetirlos. Mentir por izquierda es igual que hacerlo por derecha.
El pecado mayor es seguir destruyendo un tejido social que ya está irremediablemente dañado y que tanto esfuerzo nos costará reparar.