Los países que se plantean la legalización del matrimonio homosexual deberían tomar nota del caso de las canadienses M.M. y J.H. para contemplar en sus normas también la autorización del divorcio para las parejas del mismo sexo.
Pero inmediatamente después de la boda, las cosas empezaron a ir mal y decidieron separarse. Y aquí surgió el problema.
Aunque los tribunales de su provincia, Ontario, han autorizado el matrimonio homosexual, no hicieron lo mismo con el divorcio, que legalmente sigue definido como la ruptura legal entre "un hombre y una mujer casados el uno con el otro".
Las dos mujeres han presentado una demanda ante el tribunal superior de justicia de la provincia para que modifique esa definición, que consideran anticonstitucional, y retire la apostilla "el uno con el otro".
"A menos que eso ocurra, no es posible el divorcio de parejas homosexuales", declaró la abogada Julie Hannaford, representante legal de J.H.
La pareja "tiene ante sí un problema. Están casadas, las dos quieren disolver su matrimonio y las dos quieren ir cada una por su lado, pero ahora mismo no pueden", agregó.
El tribunal ha ordenado que las mujeres sólo puedan ser identificadas por siglas a petición de M.M., quien teme que hacer público su nombre pudiera ocasionarle "problemas emocionales".
El Tribunal Supremo de Canadá tiene previsto decidir a finales de año sobre la constitucionalidad de los matrimonios homosexuales, autorizados desde el año pasado por los tribunales de Ontario, Québec, Columbia Británica y Yukon.