Juan Luppi junto a Federico en la provincia de Córdoba en el 2014 durante la gira de “La Noche del Ángel”
Juan Luppi junto a Federico en la provincia de Córdoba en el 2014 durante la gira de “La Noche del Ángel”

Juan Luppi (27) es un joven apasionado por su profesión. Y tras vivir diez años en España, regresó al país para seguir adelante con su sueño de actuar. "Me fui desde chiquito con mi familia y volví a los 21 años", contó el nieto del reconocido actor argentino Federico Luppi (81), en diálogo con Teleshow.

—¿Cómo fue esa vuelta?

—Me llevó un tiempo darme cuenta de que me estaba volviendo. Nunca decidí volver como quien arma las valijas y dice "Me voy". Mientras viví en España venía una vez por año a la Argentina, y una vez me salió trabajo en el teatro Cervantes y me quedé. En ese momento dije: "Bueno, me quedo seis meses y después veo cómo la voy piloteando". Y me fui quedando… Cuando me di cuenta, había pasado un año y medio, y tenía laburo como actor. Fue como irme sin despedirme.

—¿Volviste a España después de tu regreso a la Argentina?

—Sigo yendo una vez por año. Trabajé muchos años allá en televisión, entre los 12 y 20 años, y quedó un vinculo fuerte. Sobre todo, muchos amigos. En varias de mis vueltas hice teatro y cine, y fuimos con algunas obras que ya estaban montadas acá en el país. Esto último es una buena excusa para viajar porque es un lugar al que quiero mucho.

Juan Luppi
Juan Luppi

—Tenés un apellido importante. ¿Eso te abrió puertas en tu trabajo y se te facilitaron los castings?

—Tengo el pensamiento y la convicción de que me sirvió internamente porque vengo de una familia de artistas. Por ejemplo mi madre es artista plástica. Cuando yo era chico jugaba en los camerinos de los teatros cuando mi viejo laburaba. Conocí desde adentro la profesión y no tenía la fantasía que tenían mis compañeros de teatro a los 20 años, eso de querer triunfar en la tele como sea. En ese sentido llegué un poquito más preparado para aguantar las dificultades. La vida del actor es así: hoy nos comemos el pollo y mañana las plumas, un día sos famoso, ganás guita y las minas se te tiran encima, pero eso dura lo que un pedo dura adentro de una canasta. Sí me ha pasado que en cualquier trabajo me dicen: "Vos sos el hijo de Gustavito (su papá), mandale saludos", algo que es habitual en cualquier profesión.

—¿En qué te pareces a tu abuelo?

—Más allá de algunos parecidos, tomé partido por ir en la misma línea. Augusto Fernández es mi maestro de teatro. Igual veo mucha confusión. Hoy en día pasa en el arte moderno, en la música… se ha perdido la vara de lo bueno y lo malo. Entramos en el posmodernismo y todo vale. Pinchás un huevo frito en un cuadro blanco y decís "Eso es arte", y hay gente que sigue la corriente y gente que no. No hay arte bueno y arte malo, entonces cualquier opinión vale lo mismo: la de un viejo señor de teatro, un estudiante, un vanguardista y la de un checoslovaco que viene de gira con un espectáculo. Muscari hace "Bollywood" y es un éxito, pero es un tipo que a mí me parece un mamarracho; evidentemente el público le da la razón a él. Corta tickets y la gente lo adora. También hay tipos como Agustín Alezzo que a mí me parece un rey y este año tuvo que cerrar su teatro por motivos que ya sabemos.

—¿Puteás mejor que tu abuelo?

—(Risas) Lo que te puedo decir es que tengo un poco más de sentido del humor que mi abuelo.

—¿Hiciste televisión en nuestro país?

—En televisión protagonicé una serie de Alberto Lecci que se llamaba "Círculos", de 13 capítulos, que se vio por la Televisión Pública. Era una historia muy tierna y muy cuidada con gente que venía del cine. También hice "Señales", una serie para jóvenes, y trabajé en "El Elegido", donde mi personaje fue el hijo de Lito Cruz.

—¿Cuál es tu visión de la actualidad argentina?

—Me parece que lo que están haciendo con la cultura en este momento es un desastre y estamos pagando las consecuencias que van a durar mucho tiempo. De todas maneras no me nace prenderme fuego y salir a putear y tirar piedras. Hubo siempre estos problemas y lo que pasa en el teatro a más de uno no le va a venir mal pasar por una racha así. Son ciclos que hay que pasar.

Pese a esa idea de "no prenderse fuego", Juan tiene sus conceptos muy claros. Aunque, casi en un guiño con su abuelo, algún insulto se le escapa… "Hay que sacudir las ramas del árbol de vez en cuando para que se caigan las manzanas que se tiene que caer -dice-. Por suerte y por desgracia el teatro vive de la taquilla. Me acuerdo cuando tuvieron que bajar la serie 'Fanny la fan' hubo muchas puteadas. Me parece terrible que la ficción nacional esté cayendo y haya menos programas. Ahora hubieron tres pelotudos que se creían que tenía la pij… muy larga durante muchos años y querían producir, escribir los guiones, tener injerencia artística en el elenco y hacían series de mierda".

Pero encuentra a quiénes destacar. "Miguel Ángel Solá es buen actor, laburante, obsesivo y buena persona. El tipo, con todo lo que le pasó, está en el teatro con su mujer y hacen una obra que le está yendo bien y la gente sale contenta", explica Luppi, pero advierte: "De esa gente hay que aprender. Después, ir a tirarle piedras al Ministerio de Cultura es como luchar contra molinos de viento. La vida es muy corta para perderla de esa manera".

Juan Luppi, Victoria Alsúa, Gastón Cocciarale y María de Pablo
Juan Luppi, Victoria Alsúa, Gastón Cocciarale y María de Pablo

Juan Luppi se sube al escenario del teatro El Método Kairós (El Salvador 4530) todos los viernes a las 20.30 horas para hacer Las formas de las cosas, una comedia americana de Neil Labute. "Narra la historia de dos jóvenes, Adam y Evelyn -cuenta-. Él es empleado de un museo. En su vida personal no logra cumplir con los estándares que tácitamente impone la sociedad hoy en día, hasta que conoce a Evelyn, una estudiante de arte, quien comienza a inducirlo en una serie de cambios que lo vuelven más interesante y atractivo a los ojos de los demás".

La obra ya lleva un mes en cartel. "Insospechadamente, es un éxito", reconoce Juan.

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