¿Cuántas veces actuamos por inercia, por mera costumbre, por seguir un cronograma estipulado que creemos que nos beneficia pero en realidad nos perjudica? A todos nos pasa, lo difícil es verlo. A Jorge Rial le ocurrió y, como suele suceder en estos casos, apareció ese momento iluminador en una situación límite. "La operación de Morena fuen la última gota que rebalsó el vaso. Estábamos los dos solos, ella entró al quirófano y yo me sentí muy angustiado. No tuve miedo pero sí mucha angustia. Ese día decreté que tengo que empezar a disfrutar más, a ser feliz y a estar tranquilo", le dijo a la revista Pronto desde Villa Carlos Paz, lugar al que viajó para visitar a su hija.

More está en Córdoba con su novio, el futbolista Martín Casar. "Una vida piola de princesa", dice Rial para referirse al presente de la joven de 18 años. Esta convivencia en Carlos Paz con su pareja -que comenzó en diciembre y terminará en marzo, como unas enormes vacaciones románticas-, deberá pausarse para que ella termine la secundaria en este 2017. Además va a trabajar en La Mañana, la productora que su padre abrió. "Me parece bien que labure y se haga de abajo. Además es lo que ella quiere, no se lo pedí yo", comenta el conductor, y agrega: "Antes estábamos a diez metros y hablábamos menos que ahora, que estamos en dos provincias distintas".

"Terminé un 2016 que fue muy duro para mí y este año lo arranqué de la mejor manera. Digo que el que pasó fue un año duro por la operación de Morena y otras cuestiones que se sumaron, como la edición de 'Gran Hermano' que no fue nada fácil", explica. Este año que pasó no fue nada fácil para el conductor: además de la operación también estuvo la independencia de Morena: "Es fuerte cuando un hijo se va, sentís que se te arranca un pedazo del cuerpo (…). La dejé volar y ahora veo que en estos meses mi hija creció un montón".

Como si todo esto fuera poco, en diciembre se separó de Agustina Kämpfer tras un año y medio de relación, y un distanciamiento en el medio. "A veces sólo el amor no alcanza. Y eso que teníamos mucho", lamentó. Y agregó: "Ella me ayudó a cambiar como persona y se lo voy a agradecer toda mi vida, fue muy importante para mí". ¿Será para siempre? "Nuestros caminos tomaron rumbos diferentes. Pero quién te dice, alguna vez vez vuelven a juntarse", titubea.

Lo cierto es que más que un día, parece haber sido todo el año lo que le llevó a Jorge Rial decidir cambar su vida. Hoy vive con Rocío, su hija de 16, que quiere ser abogada. "Logramos una armonía increíble y muy buena entre los tres. Es raro lo que te voy a decir: así estamos bien, y nos sentimos más cerca que estando juntos", dijo Rial, para luego volver sobre Morena: "Cuando regrese a Buenos Aires tendrá que agarrar de nuevo la rutina porque en estos dos meses aflojó un poco. Tiene que hacer mucho ejercicio. Esta es la etapa de hacer mucho deporte. Cuando me senté con ella le expliqué que esta independencia le trae obligaciones. Se tiene que poner las pilas, ir al médico, retomar todo".

Como todo padre protector se preocupa de sus niñas, pero es optimista sobre el camino que eligió la mayor, y la banca: "El cambio más grande fue en la cabeza. La obesidad trae otras enfermedades y todo eso ya se paró. Eso es lo más importante. La estética es un accesorio, lo primordial es la salud. Estuvo en un estado delicado en su momento y ahora ya es otra la historia".

A partir de todo esto -muchos cambios para un sólo año- empezó a tomar las cosas de otra manera: sale a andar en bicicleta, piensa todo el tiempo en el arte, escribe, colecciona obras, le encontró el gustito a los tatuajes, y para Intrusos, adoptó la filosofía del cirujano: "En el programa yo abro, opero, cierro y me voy (…). Jamás me vas a escuchar afuera del canal hablando del trabajo". "Soy un tipo al que le cayó la ficha", concluye para autodefinirse.

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