
El sábado 12 de marzo de 1977, cerca de las 4 de la mañana, un camión Unimog, una camioneta verde del Ejército y dos móviles policiales se detuvieron frente a la casa ubicada en el 328 de la calle Italia del Barrio Ferroviario de la ciudad de La Rioja. De los vehículos bajaron militares, policías de la provincia y gendarmes. Portaban armas cortas y largas. Con movimientos precisos y rápidos, rodearon la vivienda. Uno de los uniformados rompió con la culata de su arma el vidrio de la ventana de uno de los dormitorios que daba a la calle. Siete u ocho integrantes del grupo -armados con fusiles y pistolas- irrumpieron violentamente en la casa. Adentro, Pedro Adán Olivera, su mujer y sus cinco hijos dormían.
Sin mostrar ninguna orden de detención ni de allanamiento, obligaron a los Olivera a salir al zaguán así como estaban, a medio vestir. A las hijas de Olivera las sacaron a culatazos sin dejarlas vestirse. A todos los empujaron con la culata de las armas y los pusieron en fila contra la pared. Allí los tuvieron durante una hora y media aproximadamente. Quien estaba a cargo del operativo -un joven militar- le dijo a Pedro Adán Olivera que lo iba a llevar detenido para averiguación de antecedentes. Lo tomaron de los brazos y lo subieron a la parte trasera de una camioneta del Ejército que estaba estacionada frente a su casa. Lo llevaron al Instituto de Rehabilitación Social en donde lo sometieron a torturas consistentes en golpizas mientras lo mantenían encapuchado. A los dos días lo liberaron.
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A las 9 de la mañana, dos personas vestidas con uniformes grises -posiblemente del Servicio Penitenciario- cargaron a Pedro Adán Olivera y lo dejaron sentado en uno de los sillones del porche de su vivienda, la misma de la que se lo habían llevado 48 horas antes. No podía mover la mitad de su cuerpo, tenía fuertes dolores, le resultaba imposible caminar y ni siquiera podía mantenerse en pie. El deterioro de su salud era tal que debieron internarlo en la terapia intensiva del entonces Sanatorio Sindical. Las lesiones que le dejaron las torturas nunca se curaron del todo y lo acompañaron hasta su muerte.
Aquel grupo de militares, gendarmes y policías que secuestraron a Pedro Adán Olivera estaba comandado por el Subteniente César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani. El mismo hombre que casi cuatro décadas después fue nombrado Jefe del Ejército por Cristina Elisabet Kirchner, se abrazó con Hebe de Bonafini y puso una cadena de pancherías con Guillermo Moreno y otro socio procesado por evasión impositiva.
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El reportaje completo que le hizo Hebe de Bonafini a César Milani
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