
Ayer mientras limpiaba el balcón a las seis de la mañana, pensaba que probablemente ésa no era una imagen "instagrameable". Al menos no según mi criterio y el de ese mandato invisible que impera en las redes que dice que nuestras vidas digitales deber ser bellas y exitosas.
Haciendo un recorrido por mi Instagram noto que abundan las imágenes de viajes, paisajes paradisíacos, salidas con amigos y perros felices. Son todos momentos reales pero no conforman "el todo". Son apenas un recorte de mi vida. Un recorte donde prima la belleza y el ocio.
No se ve lo poco glamorosa que me luzco cada mañana de la semana cuando me levanto a las 5:50 AM, ni lo tedioso que me resulta cocinar y limpiar después de haber estado trabajando todo el día.
Tampoco hay fotos de las baldosas manchadas y rotas que piso a diario. Es posible que haya alguna en Twitter, que es la red social que uso para descargar la ira que me generan ese tipo de cosas. Pero ése es otro tema.
En Instagram me veo viajera y sonriente. Y a veces soy eso, pero también soy una mujer ojerosa y harta. Tengo doble vida: una 100% real y otra digital que tiene un shot intensivo de belleza.
¿Editar es mentir? Más bien diría que es tan solo decir una parte de la verdad. ¿Debería mostrar todo? Quizás podría servir en algunos casos para decirte a vos, a él y a ella: "Ey, no están solos, mi vida también tiene un costado apestoso".
¿Debería publicar todo el tiempo todo? Por empezar el "debería" me cae bastante mal. Por el momento seguiré seleccionado qué aspectos de mi vida compartir y probablemente sean aquellos más felices.
Ocurre que me gusta ver la belleza inmortalizada en un retrato. Me gusta admirar ese recorte digital desde la pantalla de mi celular.
Supongo que me da alegría porque esas instantáneas digitales me hacen dejar en segundo plano experiencias molestas como el hecho de viajar aplastada en el subte, lidiar con el aburrimiento de la rutina o los comentarios de los trolls en las redes.
Resulta que la vida "instagrameable" es un buen antídoto para el tedio. Así que, amo Instagram. Y a la vida 100% real, también. A ella la amo así como es: a veces divina y otras, horrorosa. Tengo dos amores, tengo doble vida. Y me gusta.
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