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Confieso que es adictivo. Intento poner límites a esta conducta pero no lo logro. Llego al final de la nota publicada y, como si una fuerza irrefrenable me dominara por completo, sigo explorando hasta encontrarme con los comentarios. Quiero leer qué tiene la gente para decir (y para decirme).

Tiene sentido: soy periodista, deseo saber qué opinan los lectores. Me interesa conocer lo que tienen para decir de las notas que escriben otros colegas y de las mías. En este último caso lo hago para saber si les gusta el material, si les sirve, si hay algo que se pueda mejorar. Ésa es la intención. Y supongo que también busco recibir alguna que otra palmada en el hombro: "Buen trabajo", "me gustó la nota" son cosas que, de vez en cuando, hace bien leer.

A veces uno siente la gratificación de saber que el material le sirvió a alguien, que la nota gustó. También resulta útil cuando algún lector comparte un dato adicional, enseña algo, aporta una mirada interesante. Sin embargo, muchos de los comentarios no son tan enriquecedores. En ocasiones ni siquiera están vinculados con la temática del artículo.

En más de una nota donde cuento cómo usar una aplicación o describo las características del celular o una app me encuentro con comentarios sobre mi apariencia física, el clima o la situación económica del país. Algunos usuarios tienen la particular habilidad de vincular mi forma de describir la curvatura de la pantalla de un móvil con una supuesta simpatía con algún partido político.

Varias veces me han dicho que tengo que desistir de leer los comentarios porque los que comentan "son todos trolls". Si bien es cierto que muchos sólo buscan burlarse o generar controversia, no todos son así, también hay otros lectores, esos que además de leer el título y la bajada, llegan hasta el final. Y los que, como dije anteriormente, ofrecen devoluciones útiles.

Hace un tiempo pensé que sería bueno hacer un buen estudio sobre qué motiva a los lectores a comentar. Parece que no soy la única a la que este tema le genera algún tipo de inquietud. Recientemente la periodista de Christie Aschwanden del portal FiveThirtyEight realizó una encuesta entre 8.000 lectores para analizar los tipos de comentarios y la motivación detrás de ellos.

El perfil de los 8.000 lectores entrevistados por el sitio FiveThirtyEight
El perfil de los 8.000 lectores entrevistados por el sitio FiveThirtyEight

El primer motivo, según este informe, es hacer una pregunta sobre algo que no está en el texto. Claro que en ocasiones no se trata de algo que efectivamente no se encuentra mencionado en el artículo sino de algo que el lector no pudo ver.

Es interesante destacar que muchos corrigen errores que no hay o piden (con indignación y hasta insultos) que se incluya tal o cual dato que, en realidad, está en el segundo o cuarto párrafo del artículo. Queda claro que muchos de los que comentan ni siquiera llegan al final del texto. O quizá sí, pero leen sin ver o sin comprender.

No debería sorprender. Ocurre con frecuencia. Aschwanden en su nota explica que entrevistó a David Dunning, psicólogo de la Universidad de Michigan para hablar sobre este tema. El especialista es reconocido por haber identificado y tipificado cierto sesgo cognitivo por el cual ciertas personas tiene un"efecto de superioridad ilusorio". En pocas palabras: creen que saben más de lo que saben. A esa conducta la llamó el efecto Dunning-Kruger.

"La gente es bastante mala para saber lo que realmente comprenden de un texto. La correlación entre lo que la gente piensa que leyó y lo que realmente leyó es bastante pequeña", según publicó Aschwanden en su nota.

En una investigación de 1982, un grupo de personas tuvo que leer un texto que estaba repleto de contradicciones. Luego les pidieron que notaran las incongruencias. Los que no pudieron identificar las contracciones estaban seguros de que su comprensión del texto era excelente.

Otras de las motivaciones que llevan a los lectores a expresarse es que se identifican con el tema de la nota o que quieren compartir una experiencia personal. Esto último es muy frecuente, aunque en ocasiones esta experiencia no esté vinculada con el tema del artículo; pero bueno, al fin y al cabo, la palabras son medios para vincularse. Y cada uno se vincula como puede

Los comentarios también son una forma de presentarse al mundo, y de obtener aprobación o una muestra de solidaridad con cierto grupo. Y la necesidad de identificar errores y mostrarlos puede estar propiciado por una necesidad de levantar un poco el propio ego, según explicó en la nota Joseph Reagle, autor de un libro sobre comportamiento de lectores en la web: "Leyendo los comentarios: los gustadores, odiadores y manipuladores en el fondo de la web" (Reading the Comments: Likers, Haters, and Manipulators at the Bottom of the Web) .

Queda claro que hay múltiples motivaciones para opinar. Probablemente haya muchas más. Seguiré investigando y suponiendo. Y mientras tanto los continuaré leyendo, queridos comentaristas, con la esperanza de encontrar, como ocurre a veces, esa palmada en el hombro, ese dato interesante, esa experiencia enriquecedora.