
Vivió solamente 25 años, pero le fueron suficientes para quedar grabada en la historia del tango. Francisca Cruz Bernardo fue la primera mujer en tocar el instrumento que en los años 20 —al igual que la música que amaba— guardaban celosos los hombres, como un privilegio de género. Pero eso no fue todo lo que hizo: formó la primera orquesta de señoritas, fue la primera en compartir escenario con un pianista novato al que alentó en sus primeros pasos, Osvaldo Pugliese, y compuso el tango "Soñando", al que más tarde Francisco García Jiménez le puso letra por pedido de Carlos Gardel, quien después lo grabó.
Con todos esos antecedentes en su haber, a Paquita Bernardo la historia aún le niega, al igual que a otras tantas mujeres, el lugar que merece.

Su vida y obra
Paquita nació el 1 de mayo de 1900 en Villa Crespo y murió el 14 de abril de 1925 víctima de la tuberculosis. Desde niña fue amante de la música; tanto era así que tras años de súplicas sus padres aprobaron ese interés y le permitieron estudiar piano, instrumento propio de las señoritas de sociedad. Fue al conservatorio de Catalina Torres, donde en 1915 se encontró con el objeto que le cambiaría la vida. José Servidio había dejado allí su bandoneón y el interés por él fue instantáneo. No dudó en pedir que le enseñaran a tocarlo y lo hicieron en la más absoluta reserva. El bandoneonista Augusto Berto fue su maestro y lo siguieron Pedro Maffia y Enrique García.
Hasta ese momento el tango era tocado con flautas, clarinetes, arpas y mandolina, por eso la introducción del bandoneón le dio otro sonido y significado a la música. "El bandoneón era un instrumento tristón; antes el tango tenía música más rápida y animada, pero el bandoneón trajo toda esa sinuosidad de tristeza y desolación que generó un arreglo diferente en la música. Antes de que llegara era más bailado y alegre, pero su integración cambió la tesitura", dijo a Infobae Bibi Mancino, miembro de la Biblioteca Nacional y presentadora de las charlas Las mujeres secretas en ese espacio, y destacó: "Cuando la orquesta de Paquita estaba conformada, un Osvaldo Pugliese de pantalón corto fue a ofrecerse como pianista; la gente que la rodeaba lo miraba con desconfianza y le decían: 'No sabemos si puede ser un buen músico', pero ella confió en él e integró su orquesta".

Además de estar convencida de su pasión por la música, Bernardo se opuso a seguir los mandatos sociales y no quiso aprender los oficios destinados a las mujeres de la época. Con el mismo ímpetu se negó a casarse.
A partir de 1920 comenzó a actuar en diversos cafés y salones, principalmente de su barrio, a los que solía ir acompañada por sus hermanos y donde se ganó los apodos de La Flor de Villa Crespo y La Mujer Bandoneón. Al año siguiente fue contratada por $600 mensuales —en ese momento era una suma importante— para actuar en un bar de la avenida Corrientes con el sexteto "Orquesta Paquita", integrado por Osvaldo Pugliese al piano, Alcides Palavecino y Elvino Vardaro en violines, Vicente Loduca en flauta y su hermano Arturo Bernardo en batería. En el medio del escenario y rodeada de los músicos, ella.
Paquita tenía rostro redondo, ojos oscuros y melena larga con rulos, y solía vestir en sus presentaciones una blusa blanca —que a veces cambiaba por camisa y corbata— y falda negra. Se sentaba frente al público, apoyaba el bandoneón sobre sus rodillas y con los pies apoyados en un almohadón, aunque a veces se paraba y lo apoyaba sobre una pierna. Allí sonaba, desgarrador. Era tal el impacto que generaba, que una multitud se amontonaba para verla en cada presentación y la policía debía desviar el tránsito de la entonces angosta calle Corrientes.

Su fama y aceptación fueron creciendo al punto que en 1923 fue la única música contratada para actuar en "La gran fiesta del Tango" que organizaba la Sociedad de Compositores en el Teatro Coliseo. Desde el 10 de diciembre de 1924 hasta fines de febrero de 1925 se presentó en el teatro "Smart" con la compañía de Blanca Podestá.
En cinco años, Paquita compuso quince piezas musicales, o al menos es lo que hoy se sabe. Entre ellas: el tango "Floreal", grabado por Juan Carlos Cobián; "Villa Crespo", el vals "Cerro Divino"; "Cachito", tango dedicado a Horacio Domínguez (el hijo del dueño del bar en que tocaba) y que, cuando Francisco García Jiménez le puso letra, fue bautizado "La Enmascarada". Ese tango fue pedido por Carlos Gardel para ser grabado.
Amplía su repertorio el tango "Soñando", con letra de Eugenio Cárdenas, que recibió en 1924 el sexto premio en el primer concurso de tangos organizado en el Teatro Grand Splendid. Otras composiciones fueron el tango "La Luciérnaga" y los pasodobles "Dejadme solo" y "La maja".
Pese al reconocimiento de su público y la ganada admiración de sus congéneres, no llegó a grabar ningún disco. Murió en Villa Crespo el 14 de abril de 1925.
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