A Daniel Molina muchos lo conocen como @rayovirtual en Twitter, una red que utiliza para sus reflexiones sobre estos tiempos. Sin embargo, muchos otros lo conocen desde hace muchos años por ser escritor, crítico de arte y literatura y un luchador valiente. Se ha convertido en uno de los mayores referentes en Letras y Cultura Web, con sus reflexiones sobre el estallido de las redes sociales en la sociedad actual y el cambio cultural que ha influido en valores como, por ejemplo, la privacidad.

En estos días se encuentra presentando su primer libro Autoayuda para snobs, en el que ofrece un paseo ilustrado por los asuntos cotidianos que nos invaden a diario y con el que busca responder dos preguntas claves: ¿Qué sentido tiene vivir? y ¿qué sentido tiene vivir así?

Más allá de que en su material literario se ve el interés por el sentido último de la vida, Molina escribe sobre sus años en la cárcel en el final del gobierno de Isabel y durante la dictadura y las torturas que sufrió. A partir de su lucha personal, sus conocimientos y su cultura, la de Molina se convierte en una historia de vida inspiradora.

-Usted estuvo muchos años preso por algo que no había hecho. ¿Qué guarda de esa experiencia?

-Es raro porque cuando yo salí en libertad, uno de cada tres años de mi vida había estado preso. O sea que había estado 10 años con cierta conciencia del mundo y los otros 10 años que tenía conciencia del mundo había estado en la cárcel. Hoy ya es uno de cada seis. Envejecer tiene estas ventajas. Me he olvidado muchísimas cosas de las cárceles y eso me hace muy bien. Me olvidé del nombre de los torturadores que antes lo sabía, me olvidé el nombre de aquellos guardias que me trataron mal y desgraciadamente me olvidé también de los nombres de los que me trataron bien. Pero hay una cosa que es como si te metieran en una heladera, o sea en una experiencia general más allá de todos los dolores o alegrías o dificultades o todo lo que tiene esa experiencia de estar encerrado en la cárcel, que es un lugar muy feo, muy horrible. Yo caí preso con 20 años, salí pocos días después de cumplir 30, pero era como que en mi cabeza tenía 19 o 20 años. Y yo ya tenía 30 para 31. Entonces de golpe alguien me paraba en la calle y me decía señor y yo no podía darme cuenta de que tenía 10 años más. Cuando, por ejemplo, yo iba a buscar un trabajo y alguien me decía: ¿tu currículum de los últimos 10 años? Cárcel. ¿Qué hiciste en estos 10 años? Estuve encerrado. A los 40 años me pasaba. Yo a los 40 tenía el currículum de alguien diez años menor, y eso que hice millones de cosas durante los 30 años, realmente hice tantas cosas durante los 30 y los 40 que no sé cómo sobreviví porque trabajaba 18 horas por día pero, aún así, siempre tenía, siempre tengo como diez años menos y entonces eso hace que en algunas cosas soy como una persona de 80 que ya pasó por todo y en otras cosas tengo 18 años. Estoy como desajustado en el tiempo. Eso es lo único negativo de la cárcel que veo que quedó en mí. No sé muy bien qué edad termino de tener. A veces tengo 80. A veces tengo 18.

-Me imagino que el tiempo adentro de su celda pasaba muy lento…

-El tiempo pasa lentísimo. 10 años en la cárcel son 150 años afuera. Es como más de un siglo. Además, son momentos diferentes. Desde el momento en el que fui preso y me golpearon, estuve un mes siendo torturado permanentemente, hasta que estuve el primer mes en la cárcel tranquilo, encerrado en una celda sin que me vinieran a pegar y sabiendo que no me iban a venir a pegar en todo el día, que ya había terminado esa etapa. Aunque me trataban mal y duro, era una etapa mucho más tranquila. Cualquier cosa positiva o no tan negativa la valorás mucho. Los primeros seis meses de la cárcel es un terrible terror porque sabés que sos muy vulnerable, que pueden hacer cualquier cosa con vos y que no podés defenderte de ninguna manera. Poco a poco aprendés a convivir en ese ambiente y aprendés pequeñas estrategias de supervivencia. Yo salí de la cárcel alegre y desde el día que salí hasta ahora, a pesar de que tenía momentos tristes, he pasado situaciones trágicas incluso, mi vida está guiada por la alegría. No me dejo ganar por la derrota ni por el dolor y creo que eso también es un aprendizaje positivo. Valoro mucho la alegría y la mirada positiva.

-Recién dijo que logró perdonar a aquellos que lo torturaron…

-Nunca los juzgué. Nunca los juzgué negativamente. Nunca los odié.

-¿En su momento tampoco?

-No. No. No me gustaba nada que me picanearan, nada que me golpeen, nada que me tuvieran nueve días y noches sin dormir: fue lo peor de las torturas a tal punto que tenía alucinaciones, creí que me iba a volver loco. Hasta mi calabozo me llevaban a patadas, golpeándome hasta la pared y la cabeza con un machete así hasta que llegaba y después me picaneaban. Yo entendía esa lógica. Creo que cuando uno entiende, los sentimientos negativos están acotados.

-¿Qué le quitaba el sueño? ¿Cómo hacía para dormirse pensando que al día siguiente su día iba a ser igual?

-Yo tengo como una percepción de lo real que es muy rara. Esto lo recuerdan todos los que fueron presos conmigo, cuando nos estaban separando en la celda, cuando recién nos llevaron a la prisión legal de Magdalena, que ya estuvimos en celdas legales y no secuestrados y torturados. Uno de ellos me dice: si acá en este penal estamos un mes yo me muero, no puedo soportarlo. Le digo que aprenda a soportarlo porque vamos a estar como una década. Me pregunta el porqué. A lo que respondí que el gobierno de Isabelita está debilísimo, pero va a durar aún dos o tres años y después la dictadura no menos de siete, o sea que con lo cual vamos a estar cerca de 10 años presos. Hasta que no caiga la dictadura de nuevo no vamos a tener ninguna posibilidad y tenemos que rezar que no nos maten en el medio. Podés llamar a cualquiera de los que estuvieron presos en ese momento conmigo, fue lo que dije en ese momento y te lo van a decir. El día que vinieron a decirme: "Molina, agarre sus cosas que sale en libertad", yo dije: "miren bien el nombre y el número de documento". Entonces vio que era Daniel Oscar Molina y mi DNI, estaban bien. Porque a veces estaba mal el segundo nombre o un número del DNI y vos te habías preparado todo, te habías hecho los trámites durante cuatro horas para salir de la cárcel y cuando estabas por llegar no te dejaban salir y volvías meses adentro. Eso era terrible. Entonces yo prefería… Era yo. Fui a agarrar mis cosas, a lo que el guardia me dijo: tan tranquilo se va… Y le dije: "Algún día entré, algún día me tenía que ir". Mi mamá había muerto mientras yo estuve preso y mi papá había muerto cuando yo era chico y no tenía más familia que un tío muy pobre y yo tiré un colchón en el departamentito que él alquilaba y él no me podía ayudar mucho.

-O sea que salió y no tenía familia…

-Era como un bebé con una muda de ropa que era de los años 70.

-Últimamente en la Argentina se habla de la reconciliación con los torturadores. Usted pudo reconciliarse o por lo menos pudo perdonar. ¿Cree que a nivel social se puede?

-No, porque es diferente. Una cosa es que yo no juzgue y como persona los vea como personas y otra cosa es el papel político que han jugado los terroristas de Estado y los torturadores y el Estado ejerciendo la tortura sobre personas indefensas. Yo no creo en la reconciliación social. No la hubo en ningún caso de cataclismo. Yo puedo abrazarme con mi torturador personalmente, lo podría hacer. A mí no me molesta si él agarra y me dice que se siente mal, yo iría a tomar un café por ahí pero esa es una cuestión mía personal. La historia, la política y la sociedad son otra cosa. Digamos que el golpe de Estado no fue que a mí me hicieron un daño. El golpe de Estado destruyó a la Argentina.

¿Que opina sobre la grieta? ¿Ve posible que alguna vez desaparezca?

-Yo no sé si va a ser posible o no porque los argentinos hemos tenido muchas grietas, nos encanta odiarnos y matarnos. Desde 1810 a 1880 vivimos en guerra civil, vivimos separados entre nosotros, entre federales y unitarios, entre liberales y conservadores por un lado e yrigoyenistas por el otro, con diferentes grados de violencia. Luego hubo algunos períodos violentos, después peronistas y antiperonistas, algunos períodos de paz y luego la dictadura. Así unos períodos de paz con la democracia y luego de nuevo kirchnerismo y antikirchnerismo. Amamos odiar al otro.

-¿En qué año cree que desapareció la discriminación sexual en Argentina?

-No desapareció todavía. Ha disminuido muchísimo. Hasta comienzos del siglo XXI era muy militante, en todos los lugares no solo en el interior del país sino en los barrios del Gran Buenos Aires, la discriminación sexual era militante, explícita y demás. En 2010, cuando se aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario, el gran debate nacional que hubo en torno a eso, la visibilidad total y las discusiones en todos los foros sobre lesbianismo, homosexualidad, transexualidad, diferencias sexuales y demás, hizo que subiéramos cinco, seis, ocho escalones en el mundo de la tolerancia y de la diversidad. Buenos Aires es una de las ciudades más tolerantes del mundo en cuanto a la diversidad sexual y Argentina es un país bastante tolerante pero hay muchas islas de intolerancia. Apenas se raspa un poquito la piel se encuentra que abajo hay mucha intolerancia.

-¿Alguna vez sufrió alguna en especial?

-Yo soy gay. Yo soy homosexual. Desde que nací y hasta hace 15 años me decían "puto de mierda" y todo tipo de insultos. Desde los últimos 15 años me ponen cara de eso pero no me lo dicen. Algunas veces me han golpeado, cuando yo era más chico, cuando era adolescente en el colegio sobre todo, no mis compañeros tal vez, porque me querían, pero sí de otras divisiones. La discriminación era muy fuerte y supongo que muchos chicos todavía en los colegios secundarios, es un ámbito donde lo mismo pasa entre los chicos que van a practicar deportes. Un chico gay en un equipo de fútbol es muy mal visto y muy maltratado y hay, y yo te diría ese 10% fanáticamente homosexual que lo explica y que lo dice también existe en los deportes hípermachistas como el rugby o el fútbol, lo que pasa que ahí no lo pueden decir. Pero si en este momento tenemos cinco mil jugadores de fútbol profesional o semiprofesional en Argentina, quinientos son gays aunque lo tengan callado y hay otros quinientos o seiscientos más que están ahí, y eso no se dice, no se habla. Es un ámbito donde no se puede ni pensar ese tema, entonces quiere decir que hay represión todavía, por ahí no le pegan, por ahí no maltratan, por ahí no se tiene que suicidar, pero vos fijate que las jóvenes lesbianas y las jóvenes trans, ni hablemos, en el mundo, son las que más se suicidan en el planeta.

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